Hablemos de un futbol de culto

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Hablemos de un futbol de culto

Ya lo sabía. Ya me lo habían contado. Ya lo había presenciado. Pero siempre que estoy cerca de un montón de aficionados me sigue intrigando todo el espectáculo. Los pongo “in situ”: ayer jugó el Barcelona contra el Atlético de Madrid. Mi compañero en la aventura investigó cuál bar cerca del Camp Nou estaba bueno, bonito y barato para ver el partido de la liga y al mismo tiempo, sentir la vibra de esa multitud gritando por sus ídolos. 

Y no, no le íbamos al Barça… estar en un bar entre puro hincha del equipo azulgrana mientras tú tienes la camiseta rojiblanca debajo del abrigo es como estar en la Interpol siendo de la URRS, como ser demócrata en Texas, como decir que no te gusta García Márquez en Colombia. Eres fiel a tus ideales pero tampoco se lo quieres presumir a la cara a tus compañeros de local. Pues bien, sintiéndome una espía de la CIA y tomando nota de mi posible nombre de mi hipotética falsa identidad logré colarme en el centro de la cultura catalana. 

Aquí se toman muy, pero muy en serio el futbol. Igual que en México, pero creo que con matices diferentes. Por lo menos en mi experiencia, no conocía la capacidad de memorización de jugadas que pueden caber en la cabeza de un ser humano hasta que estuve media hora en ese bar. Escuché a un argentino decir el número de toques promedio que Messi tardaba en meter el balón en el arco. Mi vecino de mesa mencionó el número de pases a gol que Iniesta ha hecho desde el mundial de Sudáfrica. Y todos afirmaron muy solemnemente que el gol de Rakitic había sido muy al estilo Panenka. 

Panenka, señoras y señores, es un jugador Checoslovaco que le dio la Eurocopa a su equipo con un penalti en contra de la selección Alemana en 1976. Escucharon bien, Checoslovaquia, al igual que Grecia, sorprendieron al mundo entero ganando en contra de todo pronóstico. Su gol fue tan popular que la jugada se recuerda en su honor, mismo que inspiró el nombre de una revista que va de periodismo deportivo. La jugada es tan conocida por los aficionados del deporte como la “Mano de Dios” de Maradona. 

Y allí estaba yo, entre puro erudito del balón, escondiendo mi poca cultura en el campo y mi preferencia por el equipo contrario. Entre patata brava, bocatas y tintos de verano me empapé de lo que es vivir el futbol con conocimiento de su historia, análisis de jugadas y un silencio sepulcral para dejar paso a la concentración. Se quedaron atrás los gritos al técnico y los insultos a los jugadores, este bar era una biblioteca del deporte, un escenario del juego, una función del balón. 

Tocado el silbato. Cada uno comentó sus predicciones para el resto de la temporada. Todos soltaron más comentarios y yo seguía “googleando” sus significados. Eso sí, salí con la cara en alto, mi equipo merecía unos cuantos aplausos. 

Saludos desde el 

otro lado del mundo. 



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