‘Antes que cualquiera, nosotras mismas’

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    ‘Antes que cualquiera, nosotras mismas’

Sé que entre más pasan los años, más sensible se va volviendo uno. Que mientras se es joven no tiene saciedad respecto a tener o poseer tanto bienes materiales para lo cual se trabaja tal vez sin descanso, pero también los bienes “carnales” son importantes y más fácil de tenerlos y hasta desecharlos al encontrar otro u otra, dejando de lado el valor emocional en sentimental que se le dé a una relación fija. Enamorarse es fácil, “el amor está en el aire”. Tal vez en la etapa de juventud ni valoramos lo que tenemos  ni a quien tenemos, pues sobre de donde escoger. Pasan los años y se va ese ímpetu, esos arrebatos que ahora se traduce en encontrar la tranquilidad  y estabilidad en el trabajo y el amor pasa a ser de otra manera, ese amor tranquilo, sublime, maduro, que hace poner en paz a ese cuerpo ya cansado, incluso a un alma decepcionada. Queremos estar con alguien que sepa estar con nosotros, que nos sepa valorar.

Independientemente de si se es muy hombre o mujer, siempre es grato saber que se tiene un lugar especial en la vida de otra persona. Aunque seamos mujeres independientes, el hecho de sentir que un hombre está al pendiente de nosotras siempre es motivo de plenitud, de felicidad. Por muy independiente que se pretende ser, el saber que un hombre nos cuida, nos protege, nos hace sentir hermosas, agregando que si se siente orgulloso de llevarnos de su mano tiene un valor mucho muy grande. Saber y sentir que se es valioso nos hace alzarnos con dignidad, curiosamente, por muy emancipado decimos seamos, estos actos nos hacen sentir mucho más seguras de nosotras mismas –parece incongruente- pero así lo veo.

Pero ¿quién nos da el valor como mujeres? La verdad es que nadie, somos nosotras mismas las que deberíamos darnos ese valor, saber que somos quienes ponemos en el cielo o en el suelo nuestra valía, nuestra dignidad. Nos damos valía en cuento deberíamos comenzar por cambiar la forma en que nos vemos como mujeres haciendo respetar y respetando nuestro género.

Lejos de sólo ser mujer, pensemos en que tal vez ya fuimos madres o estamos en proceso de serlo, dimos vida. La mujer da existencia en todos los aspectos que queramos analizarla, desde el aspecto biológico, hasta el ambiental y el emocional. No solo somos mujeres por dentro, lo somos por fuera con actos, con hechos, con silencios, con palabras, de ahí la importancia de ser mujeres en toda extensión de la palabra, mujer como sinónimo de vida. Sabemos también que ser mujer en plenitud puede constar lágrimas, pero no siempre será así y la recompensa nos llenará de satisfacción.

Darnos el valor como mujeres comienza por nosotras misas, no por lo que los demás te vean o te califiquen, ya que de esperar una evaluación positiva nos puede frustrar, pues sólo se está a expensas de lo que los otros quieran tasarnos. Si sabemos valorarnos y por ende amarnos, podremos estar en posición dar lo que tenemos. Nuestra valía como ser humanos está en el simple hecho de serlo, pero debemos reconocer que en nuestra sociedad se califica o descalifica como ser humano bonito o feo, bueno o malo, valioso o todo lo contrario. No cumplir con estereotipos nos frustra, nos aísla.

Ser una mujer con valía se nota, porque ella misma lo sabe, lo demuestra, y no con ello quiere decir que esté por encima de los demás ni de las demás, más bien al contrario, tal vez ni se pone a pensar que tan importante es su presencia pues está ocupada en cultivarse y cultivar a su alrededor los valores que ella trae bien definidos. Es una mujer que provoca querer estar con ella pues se ve en ella la capacidad de entregar y recibir amor.

No deberían existir las clases de ser mujeres, sin embargo se nota que sí las hay. Las que se acostumbra a ser sobras, a ser invisible hasta de sus propios hijos, esa mujer que le gusta que la compadezcan, que se hace la sufrida, la que se hace que los demás ni la quieran cerca, es más, ni la quieren ver, son mujeres negativas, bajas de autoestima, incapaces de resolver una situación por muy sencilla que ésta sea, no emprenden retos, sienten culpas, se llenan de miedos, los transmiten, se quedan solas. La otra mujer es la positiva, no le “vale madre”, sencillamente tiene una respuesta a cada situación, se siente apta para enfrentar retos, se aman, se sienten amadas, confían en ellas y en sus capacidades, alcanzan metas. Una mujer positiva se siente plena, se siente valiosa, ella misma se dio el valor.

Pero, no por ser una mujer que se siente valiosa quiere decir que no se doblegue ante una llamada por teléfono de los seres que ama, que reciba flores, que reciba una palabra de halago. A las mujeres nos gustan las cartas de amor, aunque en ella solo venga escrita una palabra. Nos doblegamos ante una mirada que brille al encontrarnos, nos dobla un te amo sincero, nos pone felices escuchar que somos hermosas. Si recibimos amor, es lo mismo que damos.

Aunque seamos mujeres de época, estamos en posición de pedirle a un hombre lo que nosotras podamos hacer solas, aunque paguemos la casa, las facturas, seamos independientes nos gusta saber que alguien está ahí para nosotras, para aportarle algo a nuestra vida. Y no es dinero, es algo más: un ser humano que luche por su individualidad, que tenga esa libertad para volar juntos o separados pero volver al nido, un hombre sensible para comprender a una mujer, pero fuerte para sostenerla cuando se caiga.

Se espera un hombre que la respete, que la ame, que la haga sentir que su tesoro, que se la gane con el trato y la admiración que le demuestre en los ojos, con los actos. Ella se convertirá en una mujer valiosa porque no solo se valora así misma sino que también amara y valorara mucho a quien está a su lado, será su compañera de vida hasta la muerte. ¿Se pide mucho? Valemos mucho, por ello estamos en posición de pedir.



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