Merendando con Dios

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1) Para saber

Hablando sobre la misericordia, el Papa Francisco afirma que significa perdonar y donar. La misma palabra “perdonar”, como se vio la vez pasada, nos sugiere per-donar, donar algo. Nuestro Señor nos invita a dar: «Den, y se les dará… Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes». Dios dona muy por encima de nuestros méritos, pero será todavía más generoso con cuantos sean generosos.

Hay una lógica coherente: ¡en la medida con la cual se recibe de Dios, se dona al hermano, y en la medida con la cual se dona al hermano, se recibe de Dios!

2) Para pensar

Había una vez un pequeño niño que quería conocer a Dios. Él sabía que era un largo viaje llegar hasta donde Dios vivía, así es que preparó su mochila con unos panes y botellas de leche chocolatada y comenzó su viaje.

Cuando había andado tres cuadras, se encontró con un viejecita. Ella estaba sentada en el parque observando a unas palomas. El niño se sentó a su lado y abrió su mochila. Estaba a punto de tomar un trago de su leche chocolatada cuando notó que la viejecita parecía hambrienta, así es que le ofreció un pan. Ella agradecida lo aceptó y le sonrió. Su sonrisa era tan hermosa que el niño quiso verla otra vez, así que le ofreció de su leche chocolatada. Una vez más, ella le sonrió. El niño estaba encantado.

Permanecieron sentados allí toda la tarde comiendo y sonriendo, aunque nunca se dijeron ni una palabra. A medida que oscurecía, el niño se dio cuenta de cuan tarde era y se levantó para marcharse. Antes de dar unos pasos más, se dio la vuelta, corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le ofreció su sonrisa más amplia.

Cuando el niño abrió la puerta de su casa más tarde, a su madre le sorprendió la alegría en su rostro. Ella le preguntó: “¿Qué hiciste hoy que te puso tan contento?” Él le respondió: “Almorcé con Dios”. Pero antes de que su madre pudiese responder añadió: “¿Y sabes qué? ¡Ella tiene la sonrisa más hermosa que he visto!”

Mientras tanto la viejecita, también radiante de dicha, regresó a su casa. Su vecina estaba impresionada con el reflejo de paz sobre su rostro, y le preguntó: “¿Qué hiciste hoy que te puso tan contenta?” Ella respondió: “Comí pan con Dios en el parque”. Pero antes de que su vecina respondiera a esto, añadió: “¿Sabes? ¡Es mucho más joven de lo que esperaba!”

3) Para vivir

El dar algo a los demás, es una manera también de amar. Podemos dar algo nuestro o algo de nosotros mismos. Pero más valioso que el pan mismo que demos, es la actitud amorosa y cariñosa con que lo damos.

El Papa Francisco nos recuerda cuanta necesidad tenemos todos de ser misericordiosos, “de no hablar mal de los demás, de no juzgar, de no “desplumar” a los demás con las críticas, con las envidias, con los celos. ¡No! Perdonar, ser misericordiosos, vivir nuestra vida en el amor y donar… Misericordia y don; perdón y don. Así el corazón crece, crece en el amor. En cambio, el egoísmo, la rabia, hace el corazón pequeño, pequeño, pequeño, pequeño y se endurece como una piedra. ¿Qué cosa prefieren ustedes? ¿Un corazón de piedra? No. ¿Un corazón lleno de amor? Sí. ¡Si prefieren un corazón lleno de amor, sean misericordiosos!”

José Martínez Colín es sacerdote, Ingeniero (UNAM) y Doctor en Filosofía (Universidad de Navarra)

(articulosdog@gmail.com)



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