Más que House of Cards (Primera Parte)

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    Más que House of Cards (Primera Parte)

Todo comienza antes del primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump, en la fecha en que la candidata tiene un mareo y se desvanece al subir a una camioneta con la ayuda del Servicio Secreto.

Se celebra el 15 aniversario del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, pasada la convención demócrata, con los espléndidos discursos de Barack y Michelle Obama, cuando la candidata retoma el liderazgo para la elección del 8 de noviembre. 

El The New York Times tenía información diaria de las encuestas. En ese momento, las posibilidades de un triunfo de Clinton son de 80% a 20%. Las apuestas, cuatro a uno. El debilitamiento de Clinton por una neumonía da argumentos a Trump y a los republicanos para decir que la señora está enferma, débil y, por tanto, es incapaz para gobernar. 

Comienza la idea de adentrarme en todo el proceso electoral norteamericano, primero porque de su resultado depende nuestro futuro. Un posible triunfo de Trump significa un enfriamiento inmediato de la economía, más devaluación y una recesión segura. El mismo Agustín Carstens lo dijo con claridad: sería un tsunami, un huracán categoría 5.

El 12 de septiembre, las encuestas comienzan a cerrarse. Las probabilidades de Clinton se reducen a 70% contra 30%, pero lo más delicado era la voluntad popular. De llevar una ventaja cómoda de cuatro puntos, Clinton ve acercarse a Trump a uno o dos de distancia. Y en alguna encuesta del Los Angeles Times, le dan ventaja al magnate. Se vive el punto más bajo de Clinton. Pura angustia. El peso se devalúa y crispa.

Ahí inició un viaje interminable por todos los sitios políticos, por todos los periódicos de influencia de los Estados Unidos y hasta por los programas de las televisoras CNN y Fox News. Se convierte en una nerviosa adicción por los números, por el conocimiento del proceso electoral norteamericano y sus peculiaridades. Son 538 votos electorales que aportan los 50 estados. California es el que entrega más, con 55, por su población. 

Así que el votante no elige a su Presidente en directo, sino a través de los delegados de su estado.

Como a una cebolla, había que levantar cada capa para comprender lo que son las elecciones presidenciales en ese País y lo que significa cada región. Comienza la disección de mapas rojos y azules, de costas, ciudades cultas y un sur ignorante aún, tan fanático como el de la Guerra Civil. Missouri, rojo; Texas, Luisiana, Alabama, Georgia y Arkansas, rojos. 

Una Guerra Civil en las urnas, una secesión entre jóvenes y adultos educados contra los hombres blancos sin universidad, sin sentido del mundo, la economía y la pluralidad étnica de nuestro siglo. 

Del The New York Times pasaba al Huffington Post, al sitio Fivethirtyeight, al Washington Post y, en ocasiones, a CNN y a FoxNews. En cada portal se encuentra el mejor periodismo político que haya visto en mi vida (salvo en Fox). 

A pesar de lo sórdido, bajo y espectacular de las campañas, al seguirlas se aprende mucho sobre los Estados Unidos y su gente. Asunto apasionante, porque es y seguirá siendo la mayor potencia mundial, no solo económica, sino de ideas y tendencias. 

En el primer debate, Hillary practicó, hizo la tarea y dejó a Trump en ridículo, como un principiante cuya gracia inicial sólo es insultar a los mexicanos. Resulta el debate del alivio. (Continuará)



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