Militares en apoyo de la seguridad pública

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    Militares en apoyo de la seguridad pública

Hace unos días, se anunció el arribo a nuestra entidad de un apoyo enviado por el Gobierno Federal, consistente en un contingente militar proveniente de la Secretaría de la Defensa Nacional y del Ejército Mexicano para el combate al crimen, principalmente en lo concerniente a robo de combustible en los ductos de Pemex, contra los asaltos del tren y, en general, de la infiltración de miembros del crimen organizado en los límites con Michoacán y Jalisco.

El clamor de varios gobernadores de diferentes estados de la República, solicitando este tipo de apoyos, así como también de elementos de la Gendarmería Nacional, a cargo de la Secretaría de Gobernación, son frecuentes, pidiendo mil, dos mil y hasta tres mil efectivos; algunos hasta reclaman airadamente que no les hacen caso, pero para que tengan una idea los amables lectores de toda la problemática que implica contar con este tipo de apoyos, esbozaré de acuerdo a la experiencia y a los informes que me allego, cada uno de los rubros que se requieren para la movilización y asentamiento de una tropa de tal magnitud.

Transporte: Se requieren camiones de pasajeros para movilizar a las tropas, acompañados de vehículos ligeros para el patrullaje, algunos de ellos debidamente artillados en diferentes posiciones y hasta con remolques; vehículos de carga para transporte de alimentos, medicina, equipo para acampar, equipo para transportar armas y municiones y equipo de cocina, utensilios y comedor. Así como también un espacio amplio como parque vehicular para el estacionamiento y resguardo de todas las unidades.

Hospedaje: Campamento especial en regiones estratégicas, recintos adaptados o hasta servicio de hotelería.

Alimentos: Suministro y abasto de víveres, instalación de equipo y utensilios para comedor.

Armamento y municiones: Instalación de un recinto ad hoc para la conservación y resguardo de armamento y municiones.

Lavandería y planchado: Equipo especializado para lavandería y planchado de la ropa, uniformes y equipo de los soldados y mandos; o asegurar servicio contratado.

Equipo de comunicación y de suministro de energía: Radios, telefonía celular, instalación de una base con antenas especiales y generadores de luz y carga de baterías. Abasto de combustible.

Esta es solamente una parte de todo el equipo e infraestructura que requiere una fuerza de apoyo militar a cualquier entidad federativa y conforme se incrementa el número de activos las complicaciones también son en ese tenor; por ello, el Gobierno Federal, a través de sus funcionarios, no tan fácilmente dan respuesta a las peticiones de los gobernadores    . Debemos congratularnos de que en nuestro estado sí hayamos sido atendidos y los resultados en tan poco tiempo han sido positivos, pues disminuyeron drásticamente los robos a trenes y los robos de combustible, así como también se han asegurado equipos de transporte y almacenamiento, aunque las detenciones de delincuentes aún no se cristalizan como debieran.

No podemos soslayar que existen voces que están en contra de la participación de la milicia en asuntos de carácter meramente civil y del combate al crimen común, señalando que los militares deben permanecer en sus cuarteles para otros efectos en materia de seguridad nacional o conflictos bélicos, o bien, en las labores de auxilio a la población en caso de desastres, como ha sido costumbre con la aplicación del Plan DNIII.

Pero gran parte de la responsabilidad de la inseguridad pública, descansa en los gobiernos estatales y municipales, cuyos cuerpos policiales se han corrompido, han sido infiltrados por los cárteles delictivos o, en el mejor de los casos, su falta de capacitación y carencia de equipamiento y estrategias efectivas los han hecho ineficientes y vulnerables; por ello, los gobernadores piden más apoyo a las instancias federales; cuando fallan los escudos en seguridad pública se echa mano de todos los apoyos.



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