Más que House of Cards (Segunda Parte)

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    Más que House of Cards (Segunda Parte)

El atractivo de la serie House of Cards es que permite adentrarnos en la mecánica interna de la lucha electoral por la Casa Blanca, tal como lo vemos hoy en tiempo real. 

La serie original de Netflix, protagonizada por Frank Underwood (Kevin Spacey) y Claire Underwood (Robin Wright), muestra todos los trucos, crímenes, lealtades, infidelidades, traiciones, mañas y grandes discursos de una campaña. 

La última temporada parecía ir más allá de lo racional, demasiada ficción cuando el Presidente presta a su mujer a un escritor porque no tenía interés en ella. Inundado de poder, su fuerza es sostenerse al frente de la Casa Blanca, mientras su mujer conspira para ganar la carrera. La serie no casaba mucho con la actual administración de Barack Obama, un líder excepcional, con una mujer brillante y una familia ejemplar.

Pero llega “El Donald” a la campaña, con ideas incendiarias y malas costumbres, y todo cambia. Lo primero: insulta a los mexicanos que viven en el País, amenaza a 11 millones con regresarlos sin consideración y promete un muro por cobrar a la cuenta de los migrantes. Ahí fue donde dijimos: ¿de dónde salió este loco?

Uno a uno, Trump fue despachando a sus contrincantes en las elecciones primarias. A todos los ninguneaba, los insultaba, se refería a sus carencias físicas o intelectuales. Todo un show de “bullying”. 

Jeb Bush, quien se consideraba su más fuerte contrincante, quedó en el polvo; a Ted Cruz, peor le fue; y al “pequeño” Marco Rubio, lo pisó como un gladiador a punto de encajar la lanza a su adversario.

El circo gustó. El ala conservadora de los republicanos encuentra su campeón porque piensa que el mundo les roba empleos y oportunidades, porque cree en Trump, un hombre rico, exitoso y rodeado de bellas mujeres siempre. 

Él les daba lecciones de rudeza por TV a sus aprendices, que son todos los hombres blancos sin educación y con muchos complejos. El magnate supo encontrar un mercado político que se siente abandonado y suplido por extranjeros.

Bajo la sorpresa de todos y superando las encuestas, se convierte en el candidato republicano, a pesar de haber insultado a John McCain, el héroe de guerra que sufrió cárcel y tortura en Vietnam; a pesar de agredir a mujeres, a reporteros minusválidos y la inteligencia de quienes tienen cierta conciencia del mundo y su complejidad; al negar el calentamiento global...

Desde el principio, muchos desertaron y lo señalaron como charlatán. Michael Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York, no tardó en señalarlo. Lo mismo hicieron más de 160 prominentes republicanos. 

Después de la convención, después de su unción como candidato, Trump aceleró el paso en las agresiones grotescas hacia su contrincante, hasta que llegó el ansiado primer debate, donde el narcisismo le dio su primera gran derrota y amplió el camino de la Presidencia a Hillary Clinton. 

El segundo debate sería algo más que House of Cards. El circo creció con la revelación de una vieja conversación de Trump con el primo de los Bush, donde el magnate abrió lo peor de su alma.

(Continuará)



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