En la vigilia de mi vida…

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    En la vigilia  de mi vida…

Martes 29° Ordinario. 

Lucas 12, 35-38

 

Estén ceñidas sus espaldas y las lámparas encendidas, y sean como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! ~

Jesús estimula el sentido de responsabilidad de sus discípulos, en particular de los de procedencia judía, que entienden el concepto de siervo y la división de la noche en tres partes. Es probable que haya dirigido estas palabras al grupo de los doce.

Al escucharlo hablar así, los discípulos recuerdan sus encuentros con Jesús; ésta es la clave para entender la vigilia que les pide. No se trata de estar alertas, sino de transcurrir su existencia dispuestos para la vida de comunidad, la vida de servicio, para la cotidianidad del encuentro con Jesús, y así, para el encuentro definitivo a la hora final de su vida.

La boda es representación del reino definitivo, la realidad de Dios donde todos un día ocuparemos un lugar. Por ahora, desde este reino, Jesús viene a visitar a su comunidad. No viene para juzgar, sino para seguir sirviéndolos y amándolos.

Para nosotros es sencillo entender que nuestra vida va mejor si la vivimos como una vigilia de amor y de esperanza. La cintura ceñida para servir a los demás y la lámpara encendida de nuestra fe y caridad son de lo más tangible en nuestra relación con Jesús.

Estos signos de la cintura ceñida y de la lámpara encendida se identifican plenamente con la Eucaristía; en ella se verifica el encuentro de Jesús con nosotros como comunidad. Nuestro encuentro individual o personal se da, además, en las acciones cotidianas de nuestra profesión, a través de las cuales servimos a los semejantes; y cuando en momentos de persecución defendemos nuestra Iglesia-casa, guardándola en una vigilia amorosa, para que el Señor siga viniendo y la encuentre perfecta a cualquier hora de las vigilias de la noche. 

 

Oración:

Señor Jesús, me has hecho pensar en el sentido de mi vida; es verdad, se vive mejor si espero con amor cada domingo tu venida, y todos los días tu venida definitiva por mí en mi día final. Deseo esperar toda mi vida, como una continua noche, en medio de la oscuridad luminosa que me permite la fe y la esperanza que en ti tengo. Te pido que vengas a mi encuentro todas las veces que sea posible, en la continua vigilia de mi vida.

Permite que en casa, con los míos, siempre se note el brillo intermitente de nuestra lámpara encendida, que atraviese los visillos de la ventana para iluminar y acoger a cuantos pasan y necesitan de esta luz en las horas intempestivas de sus vidas. Que nos mantengamos en una espera amorosa, venciendo cualquier miedo, ansiedad o desilusión. Igual que un faro marino o un hogar con la chimenea encendida en las montañas. Amén.



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