Más que House of Cards (Tercera parte)

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    Más que House of Cards (Tercera parte)

Trump ya perdió. El mundo se salva de un loco maniático a quien los encargados de las claves del arsenal nuclear de Estados Unidos lo veían como un peligro. México recibe el alivio de las encuestas que le dan ya más del 90 por ciento de probabilidades de triunfo a Hillary Clinton. (El peso se fortalece a 18.60).

Hoy será su tumba en el último debate donde seguro dirá que Hillary Clinton anda en las drogas o cualquier otra estupidez como el supuesto complot en su contra. 

Trump nunca entendió que se había convertido en el enemigo público número uno de la estabilidad norteamericana. Tampoco comprendió la fuerza de los medios de comunicación cuando al unísono respaldaron a Clinton. Desde el republicano Dallas Morning News de Texas hasta los liberales The New York Times o el Washington Post. Se enfrentó a CNN a quien llamaba la “Clinton News Network”. Al final en su paranoia o sus excusas comienza un ataque al sistema electoral de su País diciendo que está “truqueado”. 

En lo que sí tiene razón es en las filtraciones que destruyeron su campaña. Primero tres páginas de su declaración de impuestos depositada en un buzón del Times y luego la sórdida grabación donde explica su técnica para conquistar beldades. ¿Quién sacó su declaración del archivo del IRS?¿Quién soltó la grabación de la debacle? Seguro fueron ciudadanos lúcidos que sabían el poder destructor de su ignorancia, xenofobia y misoginia. 

El presidente Barack Obama se espantaba ayer del supuesto complot en las urnas. Trump dice que votarán millones de muertos y otros tantos latinos ilegales. Una surrealista descripción propia de Andrés Manuel López Obrador. En Estados Unidos solamente se han contabilizado a lo largo de los últimos años 31 errores en más de mil millones de votos emitidos. 

Obama le dice que no chille, que defienda su candidatura con argumentos y no trate de echarle la culpa a todos. “¿Cómo puede dudarse de los funcionarios electorales en Florida cuando han sido designados por un gobernador republicano?”, argumenta el presidente. Ya sus compañeros de partido le sugieren que no diga tanta tontería, que no ponga a juicio un sistema electoral ciudadano. 

En los editoriales y editorialistas de todos los periódicos, que son miles, los argumentos en su contra son contundentes. Los norteamericanos se avergüenzan, los canadienses apoyan a su vecino diciendo que ya son una Gran Nación y el mundo respira. Lo que sucedió a lo largo de la campaña y lo que sucederá en las últimas semanas es un guión que ningún escritor de Hollywood hubiera soñado. Un candidato que apoya al dictador Putin, a quien le pide intervenir las computadoras de los demócratas; un candidato que pierde mil millones en un año y luego no paga impuestos por 18 años; un magnate narcisista y megalómano que enciende el ánimo de un 40 por ciento de los votantes; un patán cuya mejor arma es presentar a 4 ex aventuras de Bill Clinton. Frank Underwood (Kevin Spacey) lo hubiera fulminado con muchas revelaciones, con decenas de trucos pero nunca hubiera imaginado torcerle el destino con una simple grabación. Una cinta donde perdió por presumir su técnica del “Tic Tac” o el empujón súbito. Toda una historia. 



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