‘Conversaciones de vestidor’

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    ‘Conversaciones de vestidor’

El segundo debate de la candidata Hillary y el candidato Trump por la presidencia de Estados Unidos ha sacado temas de actualidad que anteriormente no figuraban en este tipo de encuentros.    

Lo que más ha marcado al candidato millonario han sido sus comentarios sexistas, machistas y déspotas. Las grabaciones que se exhibieron días antes del segundo debate subrayaron aún más esta fama del magnate. Alguien me comentó que si a muchos les grabaran sus conversaciones entre hombres la del señor Trump pasaría desapercibida. Con las novedades tecnológicas  ya no existe la privacidad y las “conversaciones de vestidor” ya pueden volverse públicas en cualquier momento y quedar en exposición a la descalificación y censura. Por desgracia los comentarios machistas del señor Trump parecen ser vistos con naturalidad por un gran número de hombres. Una encuesta muestra que a Clinton la favorecen las mujeres y a Trump los hombres. Tal parece que gran parte del sector masculino no estuvo de acuerdo en aplicar la censura por las expresiones vulgares y peyorativas hacia las mujeres. La declaración del actor John Voight que dice: “No conozco a muchos hombres que no se hayan expresado en términos sexuales similares hacia las mujeres”, termina por confirmar lo común que resulta hablar de esa forma sobre las mujeres. Afortunadamente sí hubieron hombres que manifestaron su desaprobación y cada vez son más los que revaloran el concepto de mujer como ser humano con derechos propios. La propuesta para un mundo de igualdad, justicia y paz, es referirse a las mujeres con respeto a su dignidad de personas y dejar de considerarlas como objetos sexuales haciendo alarde de conquistas y formas de seducir.

La respuesta de Michelle Obama ante las expresiones sexistas de Trump tuvo eco en el mundo: “Los comentarios vergonzosos acerca de nuestro cuerpo, el irrespeto a nuestras ambiciones y nuestro intelecto, la creencia de que puedes hacer cualquier cosa a una mujer. Eso es cruel, eso asusta, y la verdad es que hiere”.

La primera dama de Estados Unidos recordó la época de madres y abuelas cuando su jefe podía hacer lo que quisiera con ellas sin importar cuanto ellas se esforzaran en rechazarlo, nada podían hacer.

Saber y escuchar que se habla de una mujer de una forma tan degradante ¡molesta, incomoda y lastima! Existen hombres decentes, padres, abuelos, hijos, hermanos, que reconociendo el valor de su esposa, madre, hermana, nieta, no permiten ese vocabulario denigrante. ¿Cómo estamos educando a las nuevas generaciones? ¿Enseñamos a valorar y respetar a las mujeres por el ser humano que son? No se trata de respetar a una mujer sino de respetar a todas las mujeres.



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