El muro de cristal

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    El muro de cristal

Hace ya un par de años, en uno de tantos ratos de lectura, tuve la fortuna de encontrarme con una obra intrigante, que denunciaba la odisea de los inmigrantes mexicanos y el shock cultural presente en los Estados Unidos. Con la agresividad característica de su pluma, Carlos Fuentes denunció, en un conjunto de 9 relatos (no los llamaré cuentos), el estilo de vida del mexicano; su cultura, su idiosincrasia y sus vicios, inmersos en las situaciones por las que van de allá para acá, entre Estados Unidos y México. Así como cada historia en particular que exportamos con cada hijo mexicano que cruza el charco, aquellos que trabajan el doble y les remuneran la quinta parte de una jornada laboral extenuante. Fuentes escribió de la incertidumbre, el temor al destello de las luces rojo-azules y la necesidad de arriesgar la integridad para intentar alcanzar una vida mejor, atravesando y padeciendo los peligros de; “La Frontera de Cristal”. Frontera que por más de doscientos años ha retado la fortaleza física y mental de los migrantes. 

Recientemente una nación tomó una decisión trascendental. Asediados por los conflictos políticos, económicos y sociales de su país, hastiados de la violencia y la inseguridad en cada una de sus ciudades, optaron por hacer de los migrantes, particularmente los mexicanos, su chivo expiatorio. Con absurdas promesas de un éxodo migratorio, cero tolerancia con los “musulmanes” y una retórica avalada por el KKK, Donald Trump se alzaba victorioso en la contienda por las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. Informes extra oficiales afirman una celebración en su casa, al ritmo del guapango de Moncayo “Guilty pleasure de su alteza serenisima”. Así fue como, al más puro estilo de un mal chiste, los ojos del mundo eran testigos de cómo la intolerancia y la ignorancia, encarnadas, recibían el control de uno de los ejércitos más poderosos y mejor armados del mundo. Del otro lado del televisor, miles de mexicanos y latinoamericanos sólo podían sentir un sudor frío recorriendo sus espaldas. 

No hay duda acerca de si está decisión es una catástrofe para todos aquellos que tuvimos el aparente infortunio de nacer con la piel morena. Sin embargo, y como bien intentó explicar Fuentes; existe ya un muro más alto del que Trump pudiese construir, desafortunadamente, ese muro está en nuestras cabezas. A los pocos minutos de haberse hecho público el resultado de la elección, los medios explotaron en preguntas, censuras y opiniones al respecto. En México se despotricaba hasta el cansancio. Los seudo-activistas y falsos líderes de opinión comenzaban a parafrasear el viejo discurso sobre la importancia del consumo de productos mexicanos. Invitaban a la población a no viajar a EUA, e incluso los más extremistas apelaban a cerrar las fronteras a los turistas en un desesperado intento por combatir el fuego lanzando fósforos. 

La situación es digna de la indignación pública y es comprensible que la población se encuentre iracunda, pero el camino para en realidad “chingar” a Trump es totalmente distinto. No se trata de cerrar nuestras fronteras o dejar consumir productos estadounidenses, mucho menos abstenerse de viajar a EUA. Se trata de demostrar que somos igual de buenos que cualquier ciudadano del mundo. Necesitamos ser reconocidos por nuestros logros, nuestros éxitos, la calidad de nuestros productos, el intelecto de nuestros artistas y académicos, la determinación y la pasión de nuestros compatriotas para con sus trabajos. Cargamos con un estigma y un estereotipo a nivel mundial que tenemos que erradicar. Pero eso sólo se logra con compromiso y trabajo duro. Exportando al mundo hombres como Fuentes, Paz, Sabines, Cuarón, Rulfo, Rivera, Siqueiros, Menchú, Inés de la Cruz, Juárez, Santana (Carlos), Quinn, Bernal, Sánchez, Ollin, Del toro, Iñárritu, Coen, Quiñones, Villazón, Varo, Pacheco… y muchos otros más, talentos mexicanos que galardonan a México en el mundo. 

De igual forma, todos y cada uno de nosotros, artistas, empresarios, ingenieros, médicos, profesores, estudiantes, deportistas, todos y cada uno ciudadanos mexicanos, tenemos la responsabilidad y el compromiso con la nación de con nuestras acciones cotidianas levantarnos por encima de ese muro de cristal reforzado por los estereotipos y los prejuicios habidos en el mundo, conceptualizando las fronteras al estilo de Fuentes “La única frontera real está entre el cuerpo y el alma”.



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