El Quijote... ¿Y su locura? Quinta y última parte

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    El Quijote... ¿Y su locura? Quinta y última parte

Estimables lectores, reproduzco íntegra, en cinco partes, la ponencia del eminente psiquiatra Dr. Juan Ramón de la Fuente, ex Rector de la máxima casa de estudios del país, pronunciada en el Auditorio General de la Universidad de Guanajuato el pasado 21 de octubre, durante el XLIV Festival Internacional Cervantino, cuyo lema fue: “ CERVANTES 400 De la locura al idealismo”. Atentamente: Rolando Fuentes Berain.

“...Los primeros tratados sobre la locura en España se publicaron  en los primeros años del siglo XVI, algunos de ellos procedentes de Italia.   Pensemos en Erasmo de Róterdam y su famoso Elogio, para ensalzar la locura según los principios del humanismo cristiano, en contraposición a la verdadera y terrible locura material y política de su época. Y por otra parte, la idea de la melancolía,  quizá  el diagnóstico más acertado que se ha hecho de don Quijote, adquiría un carácter más definido, siendo la propensión a la imaginación nocturna con cierta angustia, uno de sus rasgos recurrentes. ¿Habrá en Cervantes una cara melancólica, producto de su propia biografía y de la época que le tocó vivir?  Una posible explicación puede encontrar su raíz en el gran desengaño que sufrieron los españoles del Siglo de Oro al ver cómo sus antiguos ideales caían uno a uno frente a su nueva realidad. 

El oscuro funcionario que se ganaba la vida en un oficio ingrato, como recaudador de impuestos, que dio con sus huesos en la cárcel a causa de su mala aritmética, se sabe lo más opuesto a un héroe. ¿Habría nostalgia del soldado que fue en otro tiempo? Un viejo, pobre y triste, autor de una novela disparatada concebida detrás de los barrotes, algo de melancólico debía tener. Sus compañeros mutilados, peleando ayer contra el turco, ahora mendigaban en las puertas de las iglesias; y los grandes aventureros del siglo XVI habían envejecido o muerto, se mataban entre ellos o eran ahorcados por la justicia real. 

El historiador Fernando Díaz Plaja, describió la psicología del soldado español de los siglos XVI y XVII como la de aquellos “convencidos de estar en posesión de la verdad eterna por su religión y de pertenecer, por cuna, al mejor de los países posibles”. Por su parte, el escritor y diplomático Ramiro de Maeztu, perteneciente a la generación del 98,  percibió en el Quijote “la melancolía que un hombre y un pueblo experimentan al desengañarse de su ideal”. 

A nuestra América, venían en esa tiempos funcionarios menores, misioneros y aventureros. A Cervantes ni siquiera le permitieron probar fortuna por nuestras tierras. “Mejor busque por acá en qué se le haga merced”, le dijeron. ¿Qué habría sucedido si Cervantes hubiese probado fortuna en el nuevo mundo? Seguramente no habría escrito el Quijote. Curiosa paradoja: sin saberlo, Felipe II le hizo un valioso favor al propio Cervantes, a la literatura y al mundo entero. 

¿Alguien más tendría que haber escrito don Quijote?, es una pregunta que da vértigo.  ¿Qué hubiera sido de nuestro mundo sin los personajes, reales y de ficción, que tanto nos fascinan? ¿Por qué, cabe preguntarse, en el mismo año de 1605 nacen Don Quijote, El Rey Lear y Macbeth? ¿Por qué mueren en el mismo año Cervantes y Shakespeare? ¿Por qué coinciden en la misma época, en la misma ciudad y algunos hasta en la misma calle, Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Quevedo y Juan Ruiz de Alarcón?

Por  todo  esto  y por muchas otras razones, la psicología  de don Quijote rechaza las etiquetas, como las rechaza cualquier personaje literario complejo y multidimensional. Como lo escribió Carlos Fuentes en uno de los mejores ensayos sobre el tema: “Don Quijote, el loco, está loco no sólo porque ha creído cuanto ha leído. También está loco por creer, como caballero andante, que la justicia es su deber, que la justicia es posible”.

Cuando Don Quijote sale al mundo armado con las potencias de la fe en esa justicia, de alguna manera ya ha sublimado su locura, y ha decidido desafiar al mundo con las potencias de la imaginación: romper los lindes entre realidad y sueños, instalarsepues, en la “pasión por lo imposible”.

Don Quijote encuentra ahí el territorio de su aventura. Todos esos libros de caballería que ha leído durante sus desvelos nocturnos, de aislamiento y de absorción, antes del inicio de la novela, estallan en el momento en que decide convertirse en el último de los caballeros y por lo tanto en el caballero por excelencia. Don Quijote cierra aquel universo medieval, poblado de pecados, demonios e inquisidores, para abrirlo hacia la modernidad, a  la comprensión de lo humano y su verdadera trascendencia: el amor, la belleza, el altruismo, la creatividad; es decir, lo estrictamente humano, en su sentido más amplio y profundo.

La locura de don Quijote es, en todo caso, eso: el genio de un hombre capaz de crear a un personaje que cala en lo más profundo de nuestro ser, que pone al descubierto lo maravilloso y contradictorio de la mente y que lo proyecta con extraordinario talento literario.  Es, en suma, el humanismo en su mejor expresión.  Por todo ello, acuso ante ustedes a Don Quijote, como usurpador de la gloria inmortal de Cervantes”.



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