La condición natural de las piezas

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    La condición natural de las piezas

Naturalmente, la utilización de una pieza u otra depende de cómo quiera desarrollar cada jugador su plan de juego.

Pero si tenemos en cuenta la mayoría de las partidas, todo su caudal de experiencia ajedrecística, podemos notar que estas presentan características comunes en cuanto a lo que se ha definido como “orden de aparición”.

Podemos constatar cómo en las primeras fases de la apertura, las primeras piezas que entran en juego son los Peones y los Caballos.

De hecho, la necesidad de conquistar espacio mediante las cadenas de Peones.

Así como la de liberar diagonales y columnas para jugar los Alfiles y las Torres, hace imprescindibles el movimiento de los peones.

En cambio, los Caballos pueden ser utilizados con facilidad debido a su acción discontinua, que en las primeras fases de la partida les permite maniobrar mejor de lo que harían otras piezas.

La presencia de todas las piezas y por tanto el número de casillas controladas y de grandes cadenas de peones (que limitan sensiblemente el espacio disponible) dificultan los movimientos de las piezas de acción continua.

Casi paralelamente a los Caballos, también entran en juego los Alfiles que, a pesar de ser piezas de acción continua, pueden desarrollar su actividad antes que otras.

Gracias a las aperturas diagonales (casi siempre es anterior a la apertura de columnas, ya que para el primer caso es suficiente el avance de peones, mientras que para el segundo caso es necesario que el Peón desaparezca de la columna, bien porque capture alguna pieza adversaria o porque es capturado).

La apertura de las columnas permitirá la entrada en juego de las piezas mayores, hecho que casi siempre caracteriza al término de la apertura y al inicio del medio juego.

Por lo general, al principio de las piezas mayores actúan desde detrás del tablero aprovechando su largo radio de acción, dejando a los Peones y a las piezas menores la tarea de la lucha en la primera línea.

El alto valor absoluto de las piezas mayores, que viene determinado por la potencia de su acción, las hace al mismo tiempo, muy vulnerables a los ataques de aquellas piezas que tienen un valor menor.

Sólo cuando se determine una cierta apertura de espacio, provocada por el empequeñecimiento o fraccionamiento.



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