Buen líder, mal líder (Tercera parte)

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    Buen líder, mal líder (Tercera parte)

Con la muerte de Fidel Castro se le reconoce su calidad de       líder. Sí, un pésimo líder. Veamos.

A Isabel I de Inglaterra se le escogió como la líder máxima del milenio. El New York Times reunió a un grupo de expertos en historia para seleccionar al personaje de los mil años. Isabel, la hija de Ana Bolena y Enrique Octavo, construyó el Imperio Británico. Su cualidad fue haber superado con mucho las expectativas de sus súbditos. 

Muchos dijeron que Winston Churchill merecía el lugar por haber guiado a su pueblo al triunfo en la Segunda Guerra Mundial, después de haber prometido sangre, sudor y lágrimas para lograrlo.

El buen líder encauza la fuerza y la voluntad de sus seguidores para mejorar, para superar condiciones de vida. El buen líder saca lo mejor de nosotros mismos, valora a quien se esfuerza más y reconoce el mérito. El buen líder apoya, pero no limita; guía, pero no impone. El buen líder inspira, pero no ciega. A los buenos líderes los podemos ver a la distancia. Los conocemos discretos y elocuentes, humildes y extrovertidos. Todos podemos hacer una lista de los líderes que hemos conocido. Ayer recordaba a Jorge Vértiz Campero y al hermano Manuel Álvarez en la educación. A Lorenzo Servitje y a Mario Orozco Obregón en la industria. Todos distintos, pero igual de efectivos en sus metas de elevar la condición del prójimo. 

Por eso cuando comparamos los frutos de Fidel Castro en Cuba con los de Lee Kuan Yew en Singapur, comprendemos la distancia del líder sobrio, pragmático y estricto que lleva a su pueblo al más alto nivel de desarrollo económico, social y educativo, con el caribeño repleto de palabras y vacío de resultados. 

Son dos islas que nacieron a la “independencia” en 1959. Una cabe 150 veces en el territorio de la otra. Singapur produce 10 veces lo que Cuba con la mitad de la población. Una goza de libre tránsito, libertad de pensamiento y cátedra. La otra consume dogmas.

Cuba se cae a pedazos y mendiga con Venezuela petróleo y sueña con los dólares que los expatriados mandan desde Miami. Singapur escupe riqueza al grado de tener 500 mil millones de dólares en fondos soberanos de inversión. 

Lee Kuan Yew falleció el año pasado y su pueblo se volcó en reconocimiento. El escenario fue una de las ciudades más hermosas, verdes, prósperas, multiétnicas y tecnificadas del mundo. Su línea aérea, su puerto, escuelas, universidades y su servicio público como el Metro son ejemplo de eficiencia. Son tan listos que invierten incluso en empresas mexicanas ejemplares como Banbajío. 

Imposible imaginar que la caña de azúcar, los puros y el turismo (que mucho es sexual) den la prosperidad, la igualdad y un futuro alentador a Cuba. Un líder bueno, un líder malo. 

Fidel se enfrentó al “imperio yanqui” y a todo lo que oliera a capital, inversión o ideas alternativas. Harry Lee, como se le conocía en sus días de estudiante en Cambridge, se valió de todos los medios para atraer capital de todos los imperios, tecnología donde la hubiera e inversión rentable con bajos impuestos, nula corrupción y eficacia burocrática. Lección que debemos aprender en lugar de “pagar tributo” al tirano caribeño al ir a su funeral. Da pena hacerlo.



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