La guerra contra México

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    La guerra contra México

Ahora ya todos lo sabemos: la guerra contra México va en serio como no lo habíamos vivido desde que nos quitaron la mitad del territorio o desde que invadieron Veracruz hace un siglo. Es una arremetida insultante, prepotente e innecesaria.

El puro hecho de decir que nosotros debemos pagar un muro construido fuera de nuestro territorio va en contra de todas las leyes del derecho internacional, de la ética y el respeto al derecho ajeno.

En estos tiempos le llaman “bullying”, antes le llamábamos agresión, porque el Presidente electo de Estados Unidos enderezó una campaña contra nosotros desde que inició su candidatura. Por primera ocasión desde que tenemos memoria. Nunca habíamos visto una embestida como la de hoy.

Porque Suecia vende Volvo; Inglaterra, Jaguar y Land Rover; Alemania, VW, Audi, Porsche, BMW y Mercedes; Corea, Hyundai y Kia; Japón, Lexus, Subaru, Acura, etcétera; Italia, Maserati, Ferrari, Lamborghini y Fiat; Canadá, Chrysler, Ford y General Motors, en EU. México sólo representa el 11% de los autos que se venden en Estados Unidos, pero es el blanco principal de los ataques al libre comercio. Un ataque racista a todas luces.

A diferencia de China, nuestro País no tiene una base industrial como la potencia asiática. Tampoco contamos con ejércitos, ni poder comercial de contraataque. Los números son claros: el superávit de México en comercio exterior con EU llega a 58 mil millones de dólares al año; el de China, a más de 300 mil millones. En todos los Walmart, en todas las tiendas departamentales, en la marca de los productos, predomina una procedencia: China.

Torcer el pescuezo a México resulta una tarea fácil para el rey de todos los bullies. Enfrentarse a China y a su poderío industrial será otra cuestión, así que el destino nos une a la República Popular antes que al socio mayoritario de las inversiones trasnacionales, nuestro vecino. Jamás lo hubiéramos imaginado.

México jamás podrá aceptar el pago del muro, cueste lo que cueste, así tengamos que eliminar el Tratado de Libre Comercio, así tengamos que devaluar más nuestra moneda. Ningún Presidente sobreviviría un mes después de haber firmado un acuerdo para pagar una obra pública al norte de la frontera. Un muro de ignominia y vergüenza para todas las generaciones. 

Tendremos que resistir los próximos años, venga lo que venga. Así nos quedemos sin industria automotriz, así tengamos que pagar aranceles para entrar al mercado del norte. El tamaño de la afrenta debe ser combatido con todo el Ser Nacional. 

Un payaso de pacotilla hecho Presidente por las mayorías ignorantes de su País no puede torcernos el espíritu para que, como lacayos, construyamos un muro inútil y extraordinariamente oneroso.

Tampoco debemos confundir a la mayoría de un pueblo generoso y altruista con minorías radicales que imaginan un Estados Unidos imperial. Por fortuna, la dignidad de alemanes, japoneses y coreanos no atenderá mandatos extraterritoriales. Ni Toyota, VW, BMW, Audi, Honda o Kia aceptan que un extranjero les indique lo que deben hacer.

La estrategia de nuestro Gobierno debe ser resistir, negociar y lo que sea, pero jamás claudicar ante la agresión. A pesar de la humillación, no debemos confundirnos: una minoría de fanáticos no puede prevalecer al tiempo.

Para ganar la guerra necesitamos triunfar primero al interior. 

(Continuará)



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