Ponen amor a prueba de todo

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    Los actores interpretan a un matrimonio entre espías durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: Especial

En una misión en Casablanca durante la Segunda Guerra Mundial, los agentes Max Vatan (Brad Pitt) y Marianne Beauséjour (Marion Cotillard) se enamoran y deciden hacer una vida juntos, pero pronto el espionaje y las sospechas pondrán a prueba su amor.

Porque en la historia de “Aliados”, cinta de Robert Zemeckis que hoy llega a las salas del País, los matrimonios entre espías son desalentados, principalmente por la regla más temida por ellos: si uno descubre que su pareja revela información secreta, tendrá que matarlo sin contemplaciones.

“’Aliados’ es absolutamente una historia de traición y ése es el tema universal de esta película: cómo reaccionamos cuando comenzamos a pensar que alguien que amamos no es quien dice que es”, resalta Zemeckis, quien por primera vez se encarga de un filme bélico.

Para Cotillard, fue emocionante encarnar a esta pareja por el reto de su relación de amor y duda.

“Max y Marianne realmente tienen poco tiempo para poder convivir cuando se conocen, pero de inmediato comienzan a fingir que son otras personas mientras se enfrentan a la posibilidad de no sobrevivir. 

“Esto crea un cierto tipo de relación entre los dos inmediatamente. Lo interesante de explorar es cómo ese sentimiento entre ellos, de una realidad que es cambiante, repercute en su vida de casados más adelante”, expresa Cotillard en las notas de producción.

El largometraje sólo ha logrado 40 millones de dólares desde su estreno en noviembre pasado en Estados Unidos, cuando su costo de producción asciende a 85 millones de dólares, según Boxofficemojo.com.

La cinta fue, según la prensa internacional, una de las supuestas razones del sonado divorcio entre Brad Pitt y Angelina Jolie, dadas las tomas románticas y hasta apasionadas entre los protagonistas (como la escena en que los espías tienen sexo en un auto en el desierto).

Paga precio del éxito

En la era de la prohibición en la Unión Americana, en la década de los 20, Joe Coughlin (Ben Affleck) se olvida del ejemplar modelo de policía que fue su padre, Thomas Coughlin (Brendan Gleeson), para dedicarse a la venta ilegal de alcohol.

En “Vivir de Noche”, filme que se estrena hoy, el director y protagonista entreteje la historia de su personaje con mafias de aquel tiempo en el que la bebida era considerada pecado, con una historia de amor con dos mujeres: Emma Gould (Sienna Miller) y Graciela Torres (Zoe Saldana).

“Son planteamientos de vida que puede tener cualquier ser humano: dedicarse al bien o al mal. Los hijos no siempre imitan a los padres y hay, sin duda, personas que se inclinan por lo prohibido.

“Joe es un personaje orillado por las circunstancias a su situación, y aunque no es justificable todo lo que hace, lo que me atrajo de contar su historia, fue el gran contraste entre sus claros y sus oscuros”, comenta Affleck sobre su papel extraído del libro de Dennis Lehane, “Live by Night”, y que él mismo adaptó para cine. 

Aunque es condenado a cadena perpetua por el asesinato de tres policías, el protagonista sale antes de lo previsto y, ya con su padre fallecido, rehace su vida como un malhechor con etiqueta y conocimiento de la industria de la bebida alcohólica. 

Conoce a Graciela y a su familia y, al establecer relaciones con Don Bartolo (Chris Mesinna), cree que todo será miel sobre hojuelas, hasta que se topa con Irving Figgis (Chris Cooper) y su hija Loretta (Elle Fanning). 

“Los planes no le salen como esperaba y se mete a una historia truculenta, con chantajes, robos, manipulación, que pone en evidencia lo vil que puede ser una persona sólo por el hecho de no salirse con la suya”, acota Cooper. 

Muestran sacrificio extremo

“Sangre de mi Sangre” es el segundo largometraje en EU del francés Jean-François Richet (“Masacre en la Cárcel 13”), quien encontró la trama ideal para unir a Mel Gibson y el mexicano Diego Luna en una historia de sacrificio extremo.

Link (Gibson) es un hombre que se gana la vida en su camper haciendo tatuajes. Vive triste porque su hija, Lydia (Erin Moriarty) está desaparecida. 

Pero Lydia simplemente vive la vida loca al lado de Jonah (Luna), un narquillo sin modales que trata de escalar en una organización criminal de medianos alcances. 

Para suerte de Link, su hija reaparecerá mediante una inesperada llamada telefónica, lo que provocará su alegría.

Lo malo es que Jonah va tras ella y Link tendrá que usar todas las malas mañas que dejó por años para salvar a su hija.

“Me gusta la idea de que podemos sacrificarnos por sus hijos. Después de todo, la mayoría de los padres hacen esto. Aquí, las situaciones son extremas, pero nos toca a todos, se trata de un tema universal”, cuenta Jean-François Richet.

La cinta, que hoy se estrena, muestra a un Gibson en plena madurez actoral, algo que para Richet fue un lujo, dado que el protagonista de la saga “Mad Max” desarrolló de los pies a la cabeza su personaje, cuya parábola es el castigo por todo lo malo que hizo en el pasado.

“Aunque hablamos mucho sobre el aspecto general del personaje, Mel desarrolló solo su psicología. Es un actor excepcional que no necesitaba charlas para entender sus motivaciones”, advierte Richet.

La acción, desde el punto de vista del realizador, es sólo el lubricante por el que resbala la tensión que genera la relación de Link con su hija, y por consecuencia, el choque de éste con el villano que la pervierte.

“Trabajar con ellos fue un privilegio porque Diego, como Mel, siempre vino a mí con un montón de ideas. Es un gran actor, muy humilde.  

“Yo siempre estoy buscando tensión en el cine. Mi objetivo es crear conflicto entre los personajes, cuando se comprende que cada personaje tiene su propia motivación. Esta es la base de dramaturgia”, abunda. 



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