Cambia pinceles y acuarelas por iPad

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  • Cambia pinceles y acuarelas por iPad

    El acuarelista digital Max Betancourt se suma a la tecnología. Fotos: Agencia Reforma.

A sus 93 años, Max Betancourt cambió los pinceles y las acuarelas por un iPad Pro.

En agosto de 2016, sus hijos lo convencieron de comprar el dispositivo y, al poco tiempo, la pantalla de 12.9 pulgadas bastó para que diera vida a un universo de imágenes trazadas con ayuda del Apple Pencil.

"(El iPad) es un instrumento diferente a la acuarela y a los pinceles, es otra técnica", explica Betancourt.

"¿Cuándo vas a poder en la acuarela abrir una ventana en un muro? Lo que pintaste, pintaste y se acabó".

Desde una mulata, "como las que se ven en Houston: orgullosas, elegantes, enjoyadas", hasta una embarcación atracada en la costa, y que representa al "Endeavour, que fue el barco de Carlos Darwin", cada imagen reúne personajes, escenarios y una trama que se va enriqueciendo a medida que la stylus de Betancourt recorre la pantalla del dispositivo.

"Todo es imaginativo, aquí no he copiado nada", detalla el también arquitecto e ingeniero jubilado.

"Yo no veo fotos para nada".

Así, desde el restirador de su estudio, Betancourt ha revivido y reelaborado imágenes de su pasado mediante golpecitos y rayones en la pantalla del iPad Pro, la cual es sensible a diferentes niveles de presión de la stylus.

Ya sean sus vuelos en avioneta a 9 mil pies de altura, un viaje al Cañón del Colca, en Perú, o la tienda de sus suegros en el Guaymas de 1935, Betancourt no necesita papel ni la cubeta para lavar pinceles que se encuentra arrumbado a un lado de su escritorio.

Es más, cualquier trazo realizado de forma incorrecta puede deshacerse inmediatamente, con tan sólo un clic en la pantalla.

En apenas seis meses, el iPad ya resguarda más de 60 dibujos trazados con ayuda de la aplicación Bamboo Paper y algunas de las creaciones incluso han traspasado el formato digital para ser impresos en tela y, posteriormente, enmarcados.

"(Con el impresor) he hablado mucho, pero sólo una vez lo he visto, no hubo necesidad de nada más", relata, fascinado, Betancourt.

"(Los cuadros) llegan perfectamente bien empacados en unas cajotas de cartón, y entonces abres la caja, sacas el cuadro y es una supersorpresa, de veras, un momento inolvidable".

En las próximas semanas, 25 de sus cuadros serán llevados al Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México para una exhibición temporal.

"Debido a todo estas cosas (tecnológicas), estos han sido mis mejores años, los años que para casi toda la gente son muy pesados para mí han sido brillantísimos, frescos, cada vez más, por todas estas cosas que uno está descubriendo", concluyó.



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