Unen gorgojos a México y EU

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    Un gorgojo del algodón en una trampa. FOTO: The New York Times

Ha causado la pérdida de trabajos en el sur estadounidense y ha desatado varios debates sobre cómo detener la migración desde América Latina.

Es una oleada que hasta el muro más grande y más costoso no podría detener.

Se trata del gorgojo del algodón.

El combate contra la plaga es solo uno de muchos temas que dependen de la cooperación bilateral entre Estados Unidos y México, y que ejemplifica muchas de las cualidades esenciales de la relación entre los dos países: una alianza que se acerca a la dependencia mutua y que se desarrolla pese a las diferencias económicas, políticas y culturales.

El gorgojo del algodón, que se cree es nativo de México y Centroamérica, es un insecto coleóptero que ataca los algodoneros. Llegó a Estados Unidos por primera vez en la década de 1890 en los alrededores de Brownsville, Texas, y su expansión estuvo cerca de hacer desaparecer a la industria del algodón.

Desde entonces, décadas de esfuerzos de erradicación han logrado aniquilar casi por completo a la plaga. El único lugar que todavía lucha contra la infestación es la parte sureña de Texas.

Esto se debe, en parte, al estado mexicano de Tamaulipas. Aunque México ha eliminado al gorgojo del algodón de prácticamente todo el resto de la región norte, la situación tamaulipeca –violencia, inseguridad y falta de dinero– ha resultado en esfuerzos inconsistentes en el combate al insecto.

El problema, por tanto, todavía afecta a los cultivos de algodón en ambos lados de la frontera, así como a funcionarios estatales y federales.

Es por esto que la lucha contra el gorgojo del algodón, que tiene un componente de frustración y también problemas de comunicación entre ambos países, podría ser una lección para el gobierno de Trump en momentos en que se replantea la relación con México: lo que sucede en un país usualmente afecta al otro, una conexión que exige colaboración y un mantenimiento constante.

“Tamaulipas y Texas no podrán hacerlo el uno sin el otro”, dijo Edward Herrera, el administrador de la fundación en el valle del Río Bravo para la erradicación del gorgojo del algodón en Texas (Texas Boll Weevil Eradication Foundation).

El problema del gorgojo del algodón es particularmente notorio –y frustrante para los cultivadores de algodón estadounidenses– dado que el tamaño de la industria algodonera en Tamaulipas es relativamente pequeño. En 2016, cultivó alrededor de 2800 hectáreas, en contraste a los casi dos millones de hectáreas cosechadas en Texas, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Ray Frisbie, exdirector del departamento de Entomología de la Universidad de Texas A&M, describió la influencia de Tamaulipas como la de “una cola pequeña que hace menearse a un gran perro”.

“Si no lo eliminamos, el gorgojo del algodón podría reinvadir Estados Unidos y tendríamos que regresar a los malos días de rociar muchos insecticidas”.

La cosecha de algodón en Tamaulipas, de hecho, es pequeña en buena parte debido a la plaga. El algodón alguna vez fue un importante cultivo, pero el insecto forzó a los agricultores a cosechar otros productos.

Los productores y funcionarios mexicanos hablan del clima subtropical al explicar las dificultades que ha tenido Tamaulipas para deshacerse del insecto. Las temperaturas prácticamente nunca son heladas, por lo que los algodoneros sobreviven durante el invierno y, con las plantas, lo hacen también los gorgojos.

Además, la lluvia y el viento son fuertes, lo que ayuda a diseminar la planta y al insecto, además de que interfiere con el rocío de pesticidas.

“La campaña ha sido inconsistente por una falta de recursos”, dijo Relbo Raúl Treviño Cisneros, algodonero de Tamaulipas.

El crimen y la inseguridad en la región fronteriza también han interferido con el programa de erradicación. A veces las pandillas le han dicho a los agricultores y oficiales que no se acerquen a los campos en ciertos días, posiblemente para poder traficar drogas o contrabandear a migrantes.

Carlos Campos Reulas, coordinador del programa de erradicación en Tamaulipas, tiene un recordatorio de tales peligros en su oficina: una trampa para gorgojo del algodón llena de hoyos de balas. Alguien la usó como práctica de tiro.

“A veces los ves en grupos, armados”, dijo sobre las pandillas y grupos narcotraficantes, “y piensas: ¿Cómo pueden estar aquí ellos y no las autoridades?”.

La violencia y las amenazas de extorsión también han forzado a algunos agricultores a mudarse al sur de Texas. En 2010, uno de los principales agricultores de algodón en Tamaulipas fue secuestrado y asesinado.

La campaña de erradicación bilateral también se vio afectada durante años por una falta de comunicación y coordinación. Pero la cooperación ha mejorado durante los últimos años, según funcionarios de ambos países.

Los funcionarios estadounidenses se dieron cuenta de que si querían declarar a Estados Unidos libre del gorgojo del algodón tendrían que involucrarse más con sus contrapartes mexicanas, dijo Frisbie, el entomólogo de la Universidad de Texas A&M.

Gracias a un mayor contacto, descubrieron que el lado tamaulipeco no utilizaba suficiente pesticida.

En 2016, la aplicación del pesticida en el estado mexicano aumentó el doble en comparación al año anterior. El personal que utiliza las trampas de la oficina de Campos Ruelas también consiguió tecnología estadounidense que permite monitorear en ambos lados de la frontera la ubicación de las trampas, así como la captura de los gorgojos y la aplicación de pesticida.

El esfuerzo de erradicación ahora está principalmente en las manos de Campos Ruelas y su contraparte estadounidense, Edward Herrera. Sus oficinas están aproximadamente a 38 kilómetros de distancia en distintos lados del Río Bravo: la de Campos en un complejo de investigación agrícola y la de Herrera en un centro comercial en Harlingen, Texas.

Se conocen desde hace años, pero dicen que el contacto entre ellos nunca ha sido mejor. Antes hablaban por teléfono algunas veces al año, pero ahora lo hacen prácticamente diario para intercambiar notas, y tratan sus respectivas zonas como si no tuvieran fronteras.

Los funcionarios estadounidenses y mexicanos dicen que están optimistas sobre el progreso del combate a la plaga.

Pero la industria algodonera no lo quiere dejar a la suerte. Agricultores de algodón de varias entidades estadounidenses han aportado fondos al programa de erradicación de Texas en caso de que el apoyo gubernamental deje de existir. ¿Por cuánto tiempo más los funcionarios estatales y federales estadounidenses destinarán fondos a combatir una plaga que solo afecta a un porcentaje tan pequeño de los productores de algodón?

“Están en una batalla que no pueden controlar”, dijo Don Parker, gerente de administración de pestes integrada en el National Cotton Council.

Los texanos confían en sus aliados del otro lado de la frontera, y los tamaulipecos están al tanto de la presión.

“Si dicen que es nuestra culpa, no estoy de acuerdo”, dijo Treviño Cisneros, el líder algodonero en Tamaulipas. “Estamos haciendo lo mejor que podemos”.



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