El Partido Republicano sufrió estrepitosas derrotas en unos comicios de medio término en los que el pueblo estadounidense le entregó a los demócratas el control de la Cámara de Representantes, los dejó a un paso de la mayoría en el Senado y propiciaron la caída del secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld.
“Fue una paliza”, admitió el presidente George Bush ayer en una rueda de prensa, un día después de las elecciones. “Obviamente estoy decepcionado con los resultados”.
“Habrá un nuevo liderazgo en el Pentágono”, dijo Bush al anunciar que Rumsfeld será reemplazado por el ex director de la CIA Robert Gates. “Reconozco que muchos estadounidenses votaron ayer para mostrar su desagrado con la falta de progreso” en Iraq.
La debacle republicana podría consumarse si pierde el escaño senatorial de Virginia, donde la pugna entre los candidatos está muy reñida. Un triunfo demócrata le daría el control total del Senado, y por ende del Congreso.
Los comicios, considerados por muchos como un referendo al Gobierno de Bush, arrojaron una contundente victoria del Partido Demócrata, que capitalizó en el descontento de los estadounidenses con la guerra en Iraq, los escándalos de los republicanos en el Congreso y una serie de políticas de la Casa Blanca.
Doce años después de perder el control de la Cámara, los demócratas arrasaron a lo largo y ancho del país para recuperarla. La victoria permitirá que por primera vez en la historia una mujer sea la Presidenta del ente legislativo: la californiana Pelosi.
El Partido Republicano presenció la caída de varios de sus representantes atribulados por escándalos. Una mayoría de electores que fueron sondeados en todo el país manifestó que el repudio a la corrupción influyó en el voto.
Independientemente de lo que suceda en Virginia, los demócratas le recortaron poder a los republicanos en el Senado. Con ello los demócratas se harían con el control completo del Congreso.
Los triunfos demócratas no se limitaron al Capitolio.
De las 36 gobernaciones en juego, el Partido Demócrata se alzó con 20, y ya dominan en 28 estados. Las gobernaciones de Nueva York, Ohio, Massachusetts, Colorado, Maryland y Arkansas, generalmente en manos de republicanos, pasaron a la oposición.