La mayoría de los expertos concuerda en que el porcentaje de influencia de un técnico es mínimo, pues los jugadores son los que ejecutan en el campo cualquier intención en lo táctico, luego de un arduo trabajo de toda la semana.
En la Liguilla de la Primera “A”, los técnicos participantes llevan un peso específico por tratarse de una división en donde lo formativo, la pelea por el ascenso y los cambios a nivel reglamento de competencia son factores que pueden cambiarlo todo en un momento determinado.
De los ocho equipos invitados a la fiesta rumbo a la conquista del medio boleto de regreso al máximo circuito, San Luis, León, Querétaro, Correcaminos y Mérida tienen el extra de poder ganarlo todo al conquistar el cetro, mientras que Mexiquense y Cobras, que son filiales, así como el debutante Los Mochis, quedan a la expectativa de convertirse en un buen “caballo negro” en pos de hacerle la vida imposible a los de la “obligación”.
El campeón vigente, los Panzas Verdes del León, llega por primera vez a una cita de postemporada luego de conquistar el título, en un tema donde sabe mucho su estratega Carlos Bracamontes, único de los ocho directores técnicos que ha logrado un ascenso, y por partida doble con Curtidores y La Piedad respectivamente.
El favorito es sin duda, por todo lo que representa como técnico y su historial en la Primera Nacional es el chileno Carlos Reinoso al mando del San Luis, quien hizo campeón al León hace un año y no pudo coronar el esfuerzo con el ascenso. Los potosinos quieren revancha pues hace seis meses perdieron la categoría.
Son dos los debutantes en esta instancia, el junior de Chava Reyes al mando de los Tigrillos Broncos, procedentes de la recalificación, y el tampiqueño Agustín Gómez, quien tomó la estafeta en Correcaminos tras la renuncia de Nelson Sanhueza y llevó a sus pupilos a una reacción importante sobre todo como visitantes.
Dentro de tres semanas, sólo uno de los ocho entrenadores convocados para la fiesta tendrá en su curriculum un título que lo cotice dentro de un mundo mucho más complicado que el de un consagrado de la Primera División.