Con proyectiles de rifles de asalto AK-47, dos hombres fueron asesinados ayer en la madrugada en la zona residencial del Campestre.
El doble homicidio ocurrió alrededor de las tres de la madrugada en el cruce del bulevar Manuel J. Clouthier y libramiento José María Morelos.
La zona donde ocurrió el ataque armado es una de las más exclusivas de León, a escasa distancia de fraccionamientos como Rincón del Campestre, Jardines del Campestre y Real Campestre.
De acuerdo con las primeras pesquisas, las víctimas salieron del bar “House Club” y cuando cruzaban la avenida fueron baleadas por los tripulantes de una camioneta Jeep Cherokee, con placas de Jalisco, con quienes habían tenido un altercado.
“Cuando ellos salen del bar, llega la camioneta de la que bajan cuatro sujetos, con los que tienen una discusión, forcejean y, aparentemente, regresan a la camioneta y desde ahí accionaron sus armas”, explicó el subprocurador Demetrio Valadez Martínez.
Los dos hombres quedaron muertos, boca arriba, sobre el carril derecho del bulevar Clouthier, mientras que los agresores escaparon del lugar con rumbo al oriente de la ciudad.
“Uno de ellos (de las víctimas) respondía al nombre de Carlos Garibay Ochoa, aunque tiene otro nombre con nacionalidad americana, Brian Miranda Flores, el cual es de Michoacán y tiene varios domicilios en León; la otra persona, hasta el momento, se encuentra sin identificar”, detalló el funcionario.
De acuerdo con el reporte oficial, Carlos Garibay recibió dos impactos de bala calibre 7.62, para arma AK-47, en la parte posterior de la cabeza, que le destrozaron el cráneo.
Su acompañante registró dos impactos de bala (del mismo calibre); uno en la espalda y otro en la parte frontal del tórax que se alojó en el pulmón y le provocó la muerte.
Minutos después del ataque, dos hombres -presuntamente el sobrino y un empleado de Carlos Garibay- llegaron al lugar, y al preguntar por los muertos, fueron asegurados y trasladados al edificio de Prevención Social en calidad de presentados.
Hasta ayer, ambos presentados continuaban aportando informes para clarificar el homicidio, según refirieron las autoridades.
Agentes del Ministerio Público, Policía Ministerial y Servicios Periciales también llegaron al lugar para levantar los indicios y realizar las investigaciones.
“No se aseguraron armas, sólo se aseguraron 23 casquillos percutidos calibre 7.62, uno más calibre .38 súper”, manifestó el subprocurador.
Además fueron asegurados dos vehículos -Cheyenne, pick up, blanca con placas de Jalisco y un Saturno, color guinda, sin placas- al parecer, propiedad de las víctimas.
Intentan ocultar identidad
Hasta el momento, las autoridades no tienen una línea de investigación específica aunque señalaron que, de acuerdo con la mecánica de suceso, se trataba de un ataque directo y, sobre todo, dirigido en contra de Carlos Garibay y/o Brian Miranda.
Según información de la Policía, Carlos era dueño de un hotel en Uruapan, Michoacán.
Las autoridades no han hallado antecedentes penales de las víctimas.
El procurador Carlos Zamarripa Aguirre, dijo que los dos hombres presentados trataron de quitarles las identificaciones a los dos muertos.
Aseguró que la segunda víctima ya estaba identificada.
“Sí está identificada, pero en este momento se está declarando a la persona (al sobrino) porque hay algunas inconsistencias respecto su identidad, para efecto de poderla emitir (la identidad) en este momento”.
Mientras dormían…
Todo es silencio y llueve. En el bulevar Clouthier los cuerpos de dos hombres permanecen boca arriba separados por unos cuantos pasos. A un lado hay casquillos cubiertos con vasos de plástico.
Las víctimas, originarias de Michoacán, fueron asesinados poco después de las tres de la mañana, al salir del bar House Club.
Elementos del Ejército, Tránsito, Policías Municipales y de las Fuerzas de Seguridad del Estado observan a distancia mientras Policías Ministeriales y peritos de la Procuraduría de Justicia recaban evidencias en el lugar.
La lluvia ligera no cesa. Entre la oscuridad resaltan las torretas de las patrullas; las camionetas oficiales sin logotipos estacionadas en doble o triple fila.
El espacio donde están los cadáveres se delimita con la cinta amarilla que se coloca para resguardar la llamada escena del crimen.
A unos metros, cubriéndose de la lluvia tras una puerta, permanecen los empleados y algunos clientes del bar.
“Ya nadie pudo salir cuando fue la balacera, los policías ya no los dejaron, se los van a llevar a declarar”, dice en voz baja un joven que afirma ser cliente del bar y que estaba en espera de poder sacar su vehículo del estacionamiento.
En 2 patrullas hay 2 hombres. Los oficiales los retuvieron después de que llegaron a preguntar por las víctimas.
Son las 6:30 de la mañana. Los peritajes casi concluyen. La camioneta de Semefo se lleva los cuerpos y la zona comienza a cobrar vida otra vez. Muchos de los que a diario transitan por ahí no tienen idea de lo que pasó en su zona residencial, mientras dormían.