OPINIÓN

Marcelo, la cuña democrática en Morena

Muchos radicales de Morena no vieron bien la decisión de Marcelo Ebrard de quedarse en el partido, pero quienes lo apoyamos sabemos que esa determinación es benéfica no solo al interior del organismo político, sino incluso para el exterior, para el país.
domingo, 19 de noviembre de 2023 · 06:00

Muchos radicales de Morena no vieron bien la decisión de Marcelo Ebrard de quedarse en el partido, pero quienes lo apoyamos sabemos que esa determinación es benéfica no solo al interior del organismo político, sino incluso para el exterior, para el país.

El ex Canciller ha demostrado ser un estadista, un demócrata completo y en este tenor fue y es la personificación de una corriente y una fuerza que significa la búsqueda del equilibrio y la sensatez que necesita nuestra República.

Inconformarse, protestar y condicionar al partido por el proceso de elección de la Coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación, fue un acto natural, de una persona y un sector que es sensible y no ciego ante lo que pasó.

El tiempo que Marcelo tomó para emitir su decisión ante el partido y ante la opinión pública, fue justo el necesario, porque no hubo una respuesta inmediata a la serie de peticiones y denuncias que se interpusieron por el proceso interno.

En todo momento Marcelo y sus seguidores supimos que había una serie de riesgos de por medio y los partidos de oposición, tanto los del Frente Amplio como MC, esperaron que su decisión fuera salir de Morena y abrazarlos.

No es fácil finalmente dejar la aspiración de lograr una candidatura para la Presidencia de la República, tanto de manera independiente como en un partido político, pero no está vedada la aspiración para un futuro, tanto para él como para quienes creemos en su capacidad de llevar a México al “otro nivel” del que habló.

No se trata de amor de madre cuerva, pero Marcelo apostó por la honestidad en su afán por lograr la Coordinación, trabajó en la Secretaría de Relaciones Exteriores como el que más, subsanando entuertos, manteniendo a México como la instancia diplomática por excelencia.

Como aspirante a la Coordinación marcó pauta y ejemplo al dejar el cargo e influir en que los demás aspirantes hicieran lo mismo para estar alejados del uso de recursos humanos, materiales y económicos (de gobierno) en favor de una aspiración personal.

Su libro, El camino de México, no era, como los otros textos, un mero pretexto hueco para el ardid publicitario, para la promoción personal, para la egoteca, sino que los que lo hemos leído encontramos propuestas de la vía que tiene que seguir el país para encontrar e instalarse en nuevos estadios de vida y crecimiento.

Una verdadera transformación de nuestro país debe partir de la concordia, de la fraternidad, de la igualdad, con posibilidad de desarrollo de todos los sectores, de todas las mal llamadas clases sociales, que más bien son estratos socioeconómicos.

No podemos seguir, planteó Marcelo, generando más pobreza y pobreza extrema. Un verdadero país de oportunidades es el que permite que los estratos bajos puedan llegar a ser estratos medios (clase media) y que estos puedan tener las oportunidades de crecimiento, sin limitantes, a través del emprendedurismo, con los apoyos necesarios, 

Los jóvenes deben tener, además de becas de estudios, la posibilidad de capacitación, de oportunidades de crecimiento en el país y en el extranjero, para insertarse como promotores del desarrollo de la nación.

El valor de la mujer y la equidad de género no fue propuesta de mejor manera e integral que por parte de Marcelo, con sus “Casas Violetas”, regresándoles no únicamente albergues para casos de violencia, sino espacios y planes para su desarrollo pleno, aparte del apoyo económico mensual.

Nadie más hizo propuestas de solución de los grandes problemas de México, como en el tema del combate a la violencia y la inseguridad. El Plan Ángel fue el único presentado.

El presente y el futuro de Marcelo es compartido por un sector fiel y será precisamente el de luchar por la democracia interna para ser un candil de democracia externa, es decir, hacia el país.

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