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LIBRE EXPRESIÓN

Libia, el primer día

¿De qué tamaño es el riesgo? ¡Alto! Al punto de que Libia inició su campaña prescindiendo en su futuro gobierno, del fiscal Zamarripa y del secretario Cabeza de Vaca. Sabe que la contienda frente a Alma Alcaraz, si mantuviera a Zamarripa, se convertiría en días de fiesta para la morenista

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Libia, el primer día

Ha comenzado el periodo de campañas. Se trata de esa extraña temporada en la que un grupo de personas, con ambiciones políticas, intenta angustiar suficientemente a los ciudadanos para que voten por ellos. Los atónitos habitantes de estos lares quedarán expuestos a un interminable amasijo de anuncios, declaraciones, marchas y reuniones multitudinarias costosísimas, que usualmente, no comunican nada. 

Finalmente los oráculos de la real politik, pretenderán contratar operadores electorales para que, en el llamado día D, les acarreen a ciudadanos adormecidos por las dádivas a las urnas, para que las atiborren de votos que no son emitidos en libertad. ¡Viva la democracia! Gritarán en un intento para sacudirse culpas. Luego acordarán con los derrotados algunos privilegios e iniciarán un programa electorero que disfrazarán de administración. Así no habrá un verdadero gobierno nunca.

El oficialismo guanajuatense sabe que hay riesgos de perder el gobierno estatal y muchas otras posiciones. Sus mediciones les reportan datos críticos. El principal es la paz pública, violentada por el crimen, la extorsión y la corrupción política. ¿De qué tamaño es el riesgo? ¡Alto! Al punto de que Libia García, inició su campaña, prescindiendo en su futuro gobierno, del actual fiscal Carlos Zamarripa y del secretario de Seguridad, Alvar Cabeza de Vaca.

Sabe que la contienda frente a Alma Alcaraz, si mantuviera a Zamarripa, se convertiría en días de fiesta para la morenista. Cortó a tiempo por lo sano. Aunque el procesamiento interno de cercenar la cabeza del hiper poderoso fiscal, que le conoce todos los secretos a la clase política guanajuatense, presenta también riesgos muy delicados para su aventura electoral. Ahora solo la podrán atacar recordándole su voto como diputada a favor del hosco procurador. Entre tanto, el gobernador llevará a cuestas, en solitario, la carga de haber sido el apoyo incondicional de funcionarios con resultados trágicamente penosos.

Luego de su valiente acierto matutino, todo apuntaba a un esplendoroso comienzo de campaña de la mano de Xóchitl Gálvez. Entregadas a la competencia contra Claudia Sheinbaum, decidieron montar una escenografía que no desmereciera la concentración en el Zócalo de la Ciudad de México. Optaron por atestar de simpatizantes y acarreados el estadio de futbol de Irapuato. Pero sus estrategas de las campañas equivocaron la apuesta. En lugar de contrastarse, de idear nuevas formas de comunicación política, regresaron a lo trillado, solo para convertir a las candidatas opositoras en imitadoras de la 4T. 

Finalmente el indignante acarreo y la distribución de “tarjetas rosas” (¿Qué piensa Xóchitl de eso?) mimetiza las candidaturas de la alianza con las de Morena. Las personas inteligentes, serias y honradas no van por la vida repartiendo dinero para que voten por ellas. Menos se atreven a arrancarle a los ciudadanos su dignidad comprando su presencia en un acto proselitista. Xóchitl y Libia no necesitaban recurrir a la desmesura del acarreo y menos al alarde del reparto de dinero, para que las mujeres voten por ellas. Nada se ganó y mucho se perdió. Esa es la fisura que puede profundizarse entre los vicios de las partidocracias y las exigencias genuinamente democráticas de la marea rosa, que pide elecciones limpias y libres.

Este suceso sirve para recordar una anécdota de la primera campaña a la gubernatura estatal de Vicente Fox en 1991. En la Ciudad de México, en el famoso noticiero radiofónico del periodista José Gutiérrez Vivó, se llevó a cabo el primer debate entre los candidatos guanajuatenses. Participaron el priista Ramón Aguirre, Fox y por el PRD el siempre agudo Porfirio Muñoz Ledo, por cierto pariente de Libia García. Porfirio se lanzó, con todo, sobre Ramón. Antes, en el pasillo que conducía al estudio esperó al priista, lo encaró y con el ceño fruncido le advirtió: “Te voy a hacer pedazos en este debate. Voy a dejar en claro al pueblo guanajuatense que eres una persona profundamente corrupta”. Aguirre temblaba ante la agresión de Porfirio y entró derrotado a la contienda radiofónica. Allí Muñoz Ledo lo remató: “Tú no haces campaña en Guanajuato, lo que has hecho es formar un circo ambulante de acarreados para hacer creer a los ciudadanos que cuentas con mucho apoyo, pero eres un farsante”. Ramón perdió la sonrisa desde entonces, nunca volvió a recuperarse y acabó renunciando a una gubernatura espuria, sostenida con votos comprados, acarreos y trampas.

Me consta de primera mano que ni Fox ni El Maquío acarrearon gente a ninguna plaza. Sabíamos que se pueden llenar explanadas, estadios y recintos, con malas artes; pero así nunca llegarán a los corazones, ni emocionarán e inspirarán a los ciudadanos. Rectifiquen.

 

RAA

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