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José Arturo Sánchez Castellanos

Todo lo contrario

Para las candidatas y los candidatos de oposición, un debate representa una gran oportunidad no solo para confrontar propuestas, sino que bien aprovechado puede representar un fuerte empujón a su campaña

Escrito en Opinión el
Todo lo contrario

Los debates organizados por empresarios de Coparmex para las candidatas y los candidatos a gobernar Guanajuato no son una ocurrencia reciente, sino que tienen su origen desde hace más de 20 años, en la contienda del año 2000, sumando en total 5 de ellos. A todos han acudido los principales candidatos y nunca había habido un señalamiento de favoritismo, por el contrario, normalmente los candidatos opositores han agradecido la invitación por haberles dado la oportunidad de expresar sus propuestas e ideas en un marco igualitario para todos.

La lógica en un debate indica que las candidatas o los candidatos punteros son a los que menos les conviene asistir a un careo con sus contrincantes, y menos si ellos representan al partido gobernante, como es el caso de Guanajuato, pues se convierten en el blanco de ataques y señalamientos por el desgaste que significa el ejercicio del poder de su partido. Pero aquí en nuestro estado, todas las candidatas y los candidatos que han ido arriba en las encuestas han asistido a debatir, algo que no necesariamente se da en otros estados del país.

De hecho, se considera que, en algunos de los debates, los candidatos de oposición resultaron ganadores, como en los de 2000 y 2012, en donde Juan Ignacio Torres Landa (QEPD), con su carisma, logró las simpatías de muchos de los asistentes y de quienes vieron sus debates a través de los medios.

Para las candidatas y los candidatos de oposición, un debate representa una gran oportunidad no solo para confrontar propuestas, sino que bien aprovechado puede representar un fuerte empujón a su campaña, no para ganar adeptos en sectores complicados, sino precisamente para demostrar a todos los electores que aún en escenarios adversos, se tiene la capacidad de enfrentarlos y salir victorioso, generándole a las candidatas o candidatos simpatías y seguidores, sobre todo de los indecisos. 

Por ello, llama la atención la ausencia de la candidata que va en segundo lugar en el debate del pasado martes. Pareciera que su decisión debió de haberse planteado desde la rentabilidad electoral que representaba asistir o no al encuentro, misma que pudo haberse cimentado en la estrategia presidencial que fomenta la polarización, es decir la de las elites y privilegios, contra el pueblo bueno y sabio, tratando de ganar puntos descalificando a las empresarias y a los empresarios, como si fueran los enemigos o los culpables de la pobreza, pretendiendo construir una imagen negativa sobre las relaciones gobierno-empresa que se da necesariamente en todos los niveles de gobierno.

El grupo compacto alrededor de la candidata de Morena cuenta con personas que han sido varias veces candidatas y que han debatido anteriormente, incluso en el mismo entorno y ambiente, haciendo papeles decorosos e incluso capitalizando positivamente sus participaciones, logrando dejar la percepción de apertura y generando confianza para las inversiones y creación de empleo.

Pero con su ausencia se logró todo lo contrario, y claro que lo menos importante es perder simpatías en un sector que no necesariamente representa la diferencia entre ganar o perder, sino lo grave es la señal que se envía a los grupos que sí le debe interesar conquistar, sobre todo esos ligados a las clases medias, pues lo trascendente no es su ausencia en el debate, sino la actitud de rehuir a debatir en ambientes hostiles y salir airosa, o peor todavía, la percepción que puede dejar su ausencia, es que no se cuenta con propuestas o soluciones para los problemas que la sociedad guanajuatense demanda que se resuelvan. 

Todos sabemos que dejar espacios abiertos, aunque sean adversos, serán cubiertos y aprovechados por alguien más, y eso fue precisamente lo que sucedió el pasado martes.
 

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