EDITORIAL: Caso Zulaica-Maya, el obstáculo entre Garza y la Fiscalía

Ya más de seis años tiene el empresario Mario Zulaica López buscando justicia para recuperar su patrimonio, la llegada del Juan Manuel Carreras López al gobierno del Estado le generó expectativas que, hasta ahora, se han visto frustradas, ni el nuevo sistema de justicia penal ha representado un avance para su caso.

Con un negocio familiar de transporte muy rentable, Zulaica invitó como director general a su cuñado Miguel Maya Romero, conocido empresario y ex consejero panista. Ésta relación empresarial terminó mal, con dos acciones legales interpuestas por parte del primero en contra del segundo, acusando fraude y asociación delictuosa. La denuncia es acompañada por otras cinco personas que reclaman en total, 1.5 millones de dólares.

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A reserva de que Maya exponga su versión, el asunto hasta ahora ha dejado en evidencia que los tortuosos laberintos de la justicia potosina siguen inmutables a pesar de los nuevos tiempos que se respiran, las denuncias se alteran, se esconden, se congelan desde el gobierno torancista hasta la actual administración carrerista, una orden de aprehensión librada por un juez penal no puede quedar en el aire a menos que alguien poderoso así lo decida.

Ante la sensación de que el imperio del derecho sigue siendo solo un buen propósito, Zulaica ha tenido que recurrir a la opinión pública a través de un desplegado periodístico y varias entrevistas radiofónicas para difundir su caso, las paradojas que ha enfrentado y sobre todo la parcialidad que ha sentado sus reales en el desempeño del procurador Federico Garza Herrera, al quien se le auguraba un “paso automático” como primer Fiscal del Estado, sin embargo carga ahora con un lastre generado por el caso Campestre, y ahora, la disputa Zulaica-Maya.

Miembro de una familia con una larga y respetable tradición jurídica generacional, Garza Herrera estaba muy cómodo ejerciendo como exitoso notario público, pero en la conformación del gabinete del doctor Carreras a alguien se le ocurrió que sería un buen procurador a pesar de no tener la experiencia ni el conocimiento a fondo de la materia penal en reciente transformación, y a juzgar por lo que ha ocurrido, fue un craso error que ahora se está pagando.

Con el caso Maya-Zulaica se amontonan los asuntos pendientes, delicados y complejos que tiene que resolver Garza Herrera, unos nuevos como el homicidio de un joven en el exclusivo Campestre, tanto la víctima como el verdugo formaban parte del circulo social del funcionario, e incluso el joven asesinado ya tenía fecha de casamiento con su hija; la sociedad potosina se conmocionó por este crimen.

El reclamo judicial de Zulaica, es cierto, data del sexenio torancista, por lo que amerita con mayor razón que se le dé un trato prioritario y el debido cauce que ha sido bloqueado durante varios años por los diversos intereses en juego, no solo los económicos, la sospecha de tráfico de influencias y la actuación sesgada de las autoridades, es lo primero que tendría que sancionar Garza Herrera si es que quiere convertirse en el Fiscal del Estado que está exigiendo la sociedad.

En el caso Campestre, la relación sentimental entre el joven asesinado y una hija de Garza Herrera, generó las mayores dudas al respecto de su imparcialidad. Dicen los enterados que en el caso de Maya ocurre una situación similar… Por ahí hubiéramos empezado…