Trump y su postura ante el cambio climático

The New York Times
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Servicio Forestal anuncia la muerte de 40 millones de árboles en el estado de California. El Candidato republicano opina que el cambio climático es un "completo timo."

Trump copnsidera el tema del cambio climático como "un engaño total." Foto de univision.

Aparecen al azar, pinos y abetos color canela y plata, muertos de pie en medio de arboledas por lo demás sanas, con miles de árboles que rozan las nubes en las montañas del sur de California. La semana pasada, el Servicio Forestal anunció que había 40 millones; es decir, 40 millones de árboles muertos en este estado, casi uno por cada residente.

Pronto se convertirán en combustible de lo que los guardabosques será una catastrófica temporada de incendios forestales. “Cuarenta millones de oportunidades de incendios”, como dijo el secretario de Agricultura, Tom Vilsack. O serán fantasmas, perdidos en ese barrido cuando la Tierra rompa todos los récords de sobrecalentamiento.

El colapso de las coníferas se ha atribuido en gran medida a un escarabajo del tamaño de un grano de arroz, que ha hecho metástasis con el cambio climático. En años de calor sin precedentes _ lo que significa prácticamente cada año de los últimos diez _ los sistemas de defensa natural de los árboles se debilitan y los escarabajos se reproducen en gran número. La infestación que está acabando con los bosques en todo el hemisferio occidental está considerada el brote de insectos más grande en la historia mundial.

Cualquiera que quiera ver el cambio climático en toda su acelerada miseria puede hacer lo que hice esta semana: emprender una caminata por esos bosques muertos.  Yo fui primero al bosque nacional Cleveland, al este de Anaheim, y después al de San Bernardino, poco más de kilómetro y medio por encima de la infinitud de extensión desértica llamada Imperio del Interior. Uno de esos días, Donald Trump organizó un acto en el valle, allá abajo.

Después de hablar en Anaheim el miércoles, Trump hubiera podido ir arriba unos cuantos kilómetros hacia las montañas Santa Ana para ver los daños que ha causado lo que él llama “un engaño total”, un “embuste” y “un completo timo”; sí, él se refiere al cambio climático con esas palabras. El bosque nacional Cleveland es un refugio de tierra árida montañosa rodeado de millones de personas. Un estudio del Servicio Forestal contó casi 80,000 árboles muertos en la zona el año pasado, en su mayoría pinos, entre los chaparrales y la maleza.

Por supuesto, Trump jamás daría un paseo por el bosque muerto; él es totalmente adverso a la naturaleza, a menos que esté maquillada a su gusto. Y para un demagogo, la verdad es como el escarabajo para los árboles. Pero si Trump no quiere ir a visitar la realidad, la realidad bien podría hacerle pronto una visita. Él lo reconoció en los documentos que presentó para construir una enorme muralla en el mar a fin de proteger una de sus canchas de golf en Irlanda “del calentamiento global y sus efectos”. Quizá obligue al océano a pagar la construcción.

El presunto candidato republicano a la presidencia recientemente nombró a un destacado escéptico del cambio climático, el representante Kevin Cramer, republicano por Dakota del Norte, como asesor en temas de energía.

“Sabemos que el mundo se está enfriando”, declaró Cramer en 2012.

Para aceptar esas teorías chifladas se necesita por lo menos medio millón de dólares, que es la cantidad que la industria del combustible fósil aportó a la campaña de Cramer.

Trump ha hecho otras declaraciones igualmente ignorantes de toda ciencia. Y durante una escala de su campaña para asistir a una conferencia sobre petróleo en Dakota del Norte el jueves, él sonó aun más troglodita, mintiendo abiertamente sobre los acuerdos de París y prometiendo revivir el proyecto de construir el ducto Keystone XL.

Pero para proteger su considerable inversión en la costa irlandesa, sus acciones contradicen sus palabras. Mover 200,000 toneladas de roca para bloquear a un mar que sube de nivel dice mucho más que los efluvios de ignorancia que emitió Trump en el podio.

Los bosques muertos son un triste síntoma de una enfermedad planetaria más grave. El año pasado, más de diez millones de acres ardieron en Estados Unidos, un récord que consumió un área mayor que la de Maryland. La temporada de incendio dura casi 80 días más que en los años setenta, según el Servicio Forestal.

“Seguimos rompiendo récords que nadie quiere romper”, afirmó Vilsack.

Y seguimos teniendo terribles récords en materia de calor. En abril, por séptimo mes consecutivo, la temperatura global registró un nuevo promedio mensual más alto. En la India se derrite el asfalto de los caminos. Una ciudad del noroeste, Phalodi, registró el día más caluroso en la India desde que se llevan registros: 51 ºC el 19 de mayo.

Mientras el mundo arde y jadea, Trump está a la cabeza del único partido político del mundo avanzado que niega el cambio climático. Y ha amenazado, en caso de llegar a la presidencia, con hacer de Estados Unidos un país paria y romper con todas las naciones que firmaron el reciente acuerdo de París sobre el clima.

Sería bueno pensar que el lector pudiera dar un paseo en el bosque y olvidarse de la amenaza de pelo anaranjado en el vallecito de abajo. Nadie va a un parque nacional en busca de la muerte. Van a ver águilas calvas cabalgando las frescas brisas de la cordillera de San Bernardino. En el bosque Cleveland puede apreciarse el pequeño milagro de la explosión de flores silvestres después de la lluvia. Nos maravillamos de que siquiera haya tierras agrestes en el sur de California.

Pero los árboles muertos, los 40 millones de árboles muertos, irrumpen en el bucólico paisaje. Ellos nos cuentan otra historia, una historia de muerte prematura y de incendios y de consecuencias nefastas para aquellos que prefieren mejor no mirar el bosque.

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