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Rinden homenaje a Cervantes

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Les Nouveaux Caractères presenta la obra de Antonio Salieri.

‘Don Quijote en las bodas de Camacho’, ópera que en su tiempo se consideró bufa. Foto: Cortesía FIC


La música del compositor que pasó gran parte de su vida en la corte imperial de Viena, Antonio Salieri, fue evocada en este Festival Internacional Cervantino por la compañía francesa Les Nouveaux Caractères, para rendirle homenaje a Cervantes con la ópera que en su tiempo fue considerada como bufa, ‘Don Quijote en las bodas de Camacho’, que se presentó en el Teatro Juárez.
Dan vida a esta obra Camille Poul (Lena), Hjödis Thébault (Chiterria), Caroline Mutel ( Rosina y Menco), Guillaume Andrieux (Camacho), Fréderic Caton (Don Quijote), Sébastien Droy (Sancho Panza), Ronan Nédélex (Nasone) y Jean -Francois Novelli (El caballero y Gnoco).
Con libreto del poeta y bailarín Giovanni Pastore Boccherini, esta obra se encuentra divida en dos actos, en la primera parte se celebra el matrimonio de Chiterria y Camacho, y son invitados a unirse a la celebración al caballero de la triste figura, don Quijote y a su fiel amigo y escudero, Sancho Panza.
Esta ópera que fue estrenada en Viena el 6 de enero de 1771, se percibe en su totalidad el estilo italiano de la época, tiene recitativos acompañados de clavecín o por las cuerdas de la orquesta, así como fandangos que se alternan con pizzicatos de acompañamiento, y una efectiva orquestación nunca quieta.
En las arias participan los seis cantantes, aunque en algunas se roba el momento Sancho Panza, personificado por el tenor Sébastien Droy, quien en repetidas ocasiones comenta lo ansioso que está por disfrutar el gran festín, pero antes de compartir el pan, los recién casados se cantan el uno al otro, situación que desespera al escudero por ser tan glotón.
Cuando por fin todo está listo para el gran banquete, llegan a la boda los ‘dobles’ de nuestros protagonistas: el Cavaliere del Bosco y Nasone, quienes comienzan una riña. Sin embargo, por petición de los novios, éstos cesan de seguir con la disputa y la celebración continua sin ningún percance.
Don Quijote se retira de la celebración soñando con que llegue el día en que pueda estar al lado de su amada Dulcinea. Y cuando por fin concluye la música, los aplausos vibran en cada rincón del recinto.


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