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Oxígeno social

Opinión
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Con el inicio de la quiebra de PEMEX, -antes caja chica del gobierno y de políticos y botín del Sindicato-, se inicia una rebelión social incitada por las clases medias que exigen cuentas a sus representantes y al gobierno por el “gasolinazo”. PEMEX es un buen ejemplo de un proyecto bello nacionalista que terminó siendo propiedad de unos pocos; allí todos eran familiares; se otorgaban plazas por lealtades; todos con nóminas y prestaciones al alza cuando las ventas iban a la baja. Se acabó es cierto, la “gallina de los huevos de oro” que nombró Peña Nieto. 
Las clases sociales más pobres sentirán paulatinamente, aunque no tienen vehículos, el incremento generalizado de los precios. Serán los alimentos, el transporte, los servicios públicos, la vivienda, quienes viendo incrementados sus costos, subirán precios. Lo que sucederá es que paulatinamente todo volverá a la normalidad y en las elecciones del 2018 el PRI perderá la Presidencia de la República.  
Aun así, el “gasolinazo” tiene aspectos positivos. Serán más necesarias las energías alternas al petróleo; habrá competencia para bajar precios y dar mejor servicio; PEMEX deberá recortar miles de plazas que ya no son necesarias; optimizaremos el uso del vehículo y exigiremos mejores transportes públicos; ante los recortes a la inversión social, como sociedad exigiremos que se recorte el gasto corriente del gobierno y que disminuya la burocracia.
El sistema político está diseñado para que sean ellos mismos, los diputados y senadores, quienes se otorguen los sueldos y las prestaciones; son ellos los que se otorgan exenciones de pago de impuestos, los seguros de gastos médicos mayores, las cajas chicas sin comprobación, el turismo por todo el mundo y el que abusen incrementándose ellos mismos el sueldo sin rendir cuentas a nadie. Ellos crearon la democracia más cara de todo el planeta, con el mayor número de diputados y senadores, incluyendo al Instituto Electoral con el gasto por voto más elevado que haya conocido la humanidad. 
Todavía son muchas las batallas que nos faltan como sociedad: eliminar completamente el fuero a los políticos; que ganemos espacios ciudadanos con candidatos independientes; que se reduzcan las prerrogativas electorales para que se les den a los partidos por votos efectivos, no por padrón electoral; que se reduzca el gasto en edificios y oficinas suntuosos; que bajen los sueldos altísimos; que mueran los bonos discrecionales.  
Todo porque los políticos perdieron completamente la sensibilidad a las mayorías pobres. Existencialmente no pueden reducir sus privilegios. Ni su razón ni su voluntad les llevará a cambiar el sistema político si no lo exigimos la sociedad. Debemos arrancarles los recursos públicos. No tenemos ya otra alternativa que hacerlo viral en las redes sociales y salir a las calles a exigirlo. No queda otra que crear redes de exigencia social. Deben acabarse los Palacios Legislativos, los aviones presidenciales, los buenos sueldos, las cortes de asistentes y secretarios particulares. 
Pero para apresurar la salida de la crisis, necesitamos como sociedad que los políticos y los gobernantes que ya anunciaron recortes a la inversión pública (carreteras, hospitales, escuelas, etc.), nos den señales, nos den ejemplo de austeridad, que nos pasen oxígeno a una sociedad sofocada por tanto acto de corrupción. Necesitamos que den muestras de sensibilidad cuando el pueblo está afectado directamente por la crisis económica. La irritación social de todos los niveles es enorme por el dispendio, el robo, la rapiña. Necesitamos también que el Presidente ya sin apoyos y repudiado por el pueblo, dé señales y rápido para mantener con ánimo a los patriotas. 
Necesitamos señales de congruencia. “El Bronco” en Nuevo León, el gobernador Márquez en Guanajuato, inician estas acciones reduciendo su sueldo. Es simbólico, pero es el oxígeno social que se necesita. México necesita gestos de sencillez y de nobleza, ausentes ya en la clase política. 
Ya no se puede seguir con esta asfixia. El “gasolinazo” era necesario es cierto, para que el gobierno pudiera operar y cubrir los huecos en el presupuesto por la falta de ingresos petroleros. Por eso, comunicar el “gasolinazo” por parte de un gobierno envuelto en corrupción e impunidad, fue una incitación a la rebelión. Por eso, necesitamos ese aire, ese oxígeno social. 


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José Luis Palacios es director de la Universidad Meridiano
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