De la loca de la casa

Opinion
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Ya me di cuenta que es mi mente, cuando está desbocada. “La loca de la casa”, la que genera el miedo, la que envuelve en la bruma de la ansiedad.

Ya me di cuenta que es mi mente, cuando está desbocada. “La loca de la casa”, la que genera el miedo, la que envuelve en la bruma de la ansiedad.

Pero también me di cuenta que mi mente es un diamante y que en ella se puede cultivar la paz y la armonía.

Leí por ahí que “la loca de la casa” es una frase que no se refiere a la imaginación creativa y útil, sino al discurso interminable de nuestros pensamientos.

Santa Teresa, que nació en España en el año 1515, compara a este desgastante diálogo interno con la “tarabilla” del molino, una pieza de madera cuya principal función era hacer un ruido constante, simplemente para indicar que el molino estaba funcionando. Y sugiere “dejar hablar a esta loca”, sin interrumpirla pero sin prestarle atención.

Y esa noche que supe que uno de mis nietos queridos con sus cinco añitos salió positivo en la prueba de influenza, se desató mi loca, tomó posesión de mi mundo interior y claro que me quitó el sueño, no dejó de hacer ruido, de atormentarme, de traer miedo, y una nube de catástrofes me envolvió: ¡Todos contagiados incluida yo! 

Y ahí, al darme cuenta es donde empieza de nuevo ese trabajo interior de aceptación de lo que sí es; de intentar pacificar la mente; de aceptarme sin juzgarme por ver en ese momento lo oscuro, y una lucecita se va instalando y dejando entrar de nuevo la paz, y apaciguando a esa loca imaginación y al compás de mi respiración voy aceptando lo que hay; observando sin juzgar los alborotos de mi mente y que delicia darme cuenta que la agitación mental se va apaciguando y el miedo encuentra un lugar seguro para desvanecerse poco a poco.

Sí, “la loca de la casa” se puede convertir en una alarma de aviso, que me recuerda que lo mejor es soltar el control de lo que no está en mis manos, y contactar de nuevo la paz que me hace recordar el aroma de la lavanda del jardín, que al pasar por ahí mis manos frotan absorbiendo eso que me recuerda la confianza.