Y los muros interiores... ¿Cuándo los derribaremos?

Opinion
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Ese muro de la indiferencia gubernamental y social está aquí, en nuestro país, no en la frontera norte.

"La razón forzosamente nos pone delante de las causas, mediatas, inmediatas y remotas. Allí la verdad".

Jesús Guisa y Azevedo

 

Sí, en todo el país realizaremos gigantescas marchas hoy contra la política de mister Trump, que afecta a México;  si tan gigantesca movilización, en otra oportunidad, se  enfocara a presionar para que se localice al ex gobernador de Veracruz, juzgarlo y sentenciado ¿cuál sería el resultado? Yo mismo me contesto: que prontamente lo encontrarían.

Pero eso no ocurrirá porque los mexicanos necesitamos, para actos de tal naturaleza, una motivación que llegue a la dermis y la epidermis, al torrente neuronal y nos motive con eso que se denomina patriotismo.

Defender aquí, adentro de nuestro territorio, en los grandes conglomerados, los pueblos olvidados, por las montañas y los cerros a 40 millones de hambrientos, es un tema que no angustia, tampoco parece perentorio encontrarles en qué ocuparse a millones de nacionales que no tienen ocupación que les allegue el sustento.

Los informales tampoco resultan prioridad porque, además, ya hay programas para llevarlos de la mano a la formalidad aduciendo, la autoridad, que quienes se acojan al nuevo régimen obtendrán prerrogativas nunca vistas y menos disfrutadas.

Los muros, las barreras, también son interiores. No ocultemos que los cinturones de miseria se ostentan en las orillas de las grandes ciudades. Y muchos pueblos, de Guanajuato mismo, padecen el flagelo del hambre.

Si alguien no conoce parte de esa realidad, le cuento que con motivo de la Feria de León vienen nuestros hermanos desde, digamos, San Miguel de Allende. Son de la raza chichimeca, que tienen una tierra, pero no con qué cultivarla. Aquí se hospedan 30 seres humanos en un cuarto que les cuesta 40 pesos diarios.

¿Qué vienen a hacer? A estirar la mano, o sea pedir limosna. Desnudan su realidad al contar que recogen algún dinero para luego comprar semilla y sembrar en sus tierritas maíz, frijol, chiles y seguirla pasando.

¡Igualito que hace siglos!, diremos nosotros. Ese muro de la indiferencia gubernamental y social está aquí, no en la frontera norte.

Cuando Miguel Ángel Salim Alle negociaba tierras ejidales para el Puerto Interior, yo personalmente le critiqué el precio miserable que se daría por metro cuadrado. Le mencioné la política en Nuevo León con los afectados para hacerse la Gran Plaza. Escuchó, pero no entendió y menos atendió. ¿Alguien sabe qué fue de esos labriegos, se hicieron empresarios o fueron a ser lumpen social?

Y conste que el ahora diputado federal acelera su redentorismo porque, es de suponer, algo quiere más ya que el apetito político es como el mal de amores: a quien le da le da. Igual que la hepatitis, que no se cura del todo.

Sí, bien que salgamos hoy domingo a las 12 del día a tremolar la Bandera Nacional y, desde donde sea, protestemos contra la errática política del señor Trump, pero no nos olvidemos que aquí hay falta de fuentes de trabajo y que los gobiernos gastan más en publicitarse que en obras sociales permanentes.

¿Cuál es la labor, cierta, real, verdadera, para que las niñas de 13 años no se embaracen? Se les orienta con el condón y la píldora del día siguiente, pero valores morales, de conducta o sociales, no se les proporcionan; menos a los muchachos que abusan de las pequeñas. En esta nuestra tierra no existen padres solteros. Ellos, muchachos o no, embarazan y se pierden sin consecuencias. No hay conciencia de ninguna naturaleza.

Vemos la desintegración de las familias porque deportan de los Estados Unidos hacia México al papá, la mamá y allá se quedan los hijos. Es drama claro y cuestión inhumana grave, urge combatir esa lacerante realidad; pero aquí, en nuestro medio, cuadra o barrio, el drama de muchas madres solteras no es menos agustioso.

El Gobierno de México se ha apresurado a formalizar la oferta de trabajo para los y las migrantes que son expulsados. Ojalá que se les prepare y ocupe, ya que muchos que eran antes de irse "pa’l otro lado" labriegos, ya no van a querer cultivar la tierra dado que argumentarán que allá pagan mejor.

De todas formas, y sea como fuere, hoy habrá en las calles de todo el país una gran protesta, válida, fundamentada en la que los políticos nacionales formarán parte a la usanza de siempre y pretenderán llevar agua a su molino.

Ojalá y se entienda que una cosa es alzar la voz por lo de allá y otra olvidarnos de nuestra crítica realidad social y política en donde las fauces de la injusticia y la miseria devoran, desde no pocas fuentes oficiales o no, el patrimonio nacional.