Ecos de Cuba

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No importa qué rumbo se siga por esta isla, por todas partes vendrá a la mente, lo dicho por Colón en 1492: “Es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto jamás”.

Círculo Infantil, institución creada para la atención integral de pequeños y facilitar la incorporación de las madres al mundo laboral.

No importa qué rumbo se siga por esta isla, por todas partes vendrá a la mente, primero, lo dicho por Colón en 1492: “Es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto jamás” y, segundo, que en todas las latitudes, más allá de posiciones ideologizadas, es omnipresente la figura de uno de los personajes de más recia personalidad en la historia de América Latina: Fidel Castro.

Carisma Indiscutible

Me siento en casa desde la Patagonia hasta el Bravo y, desde luego, en España. Compartimos rasgos y una historia en común que me impiden permanecer impávido ante los sufrimientos de sus pueblo o ante sus logros y alegrías.

Mi generación vio en Fidel Castro a un hombre que no aceptaba que fuéramos “jardín de atrás” de nadie, reivindicando la dignidad de todos. Sus aciertos y los errores de sobra son magnificados, ensalzados o condenados. Me quedo con lo que he visto y palpado, entre su pueblo, sin intermediarios.

Del carisma indiscutible de Fidel guardo dos experiencias: una cuando solicité fotografiarlo en una sobremesa en la Embajada de México y él empezó a hablar de mi tierra: Cuernavaca. Creí que, ante la oportunidad, le tomaría cientos de fotos, sin embargo apenas hice una o dos tomas y me senté, dado el carisma que ni sus enemigos más acérrimos se atrevieron a cuestionar. 

La segunda, cuando nuevamente le solicité retratarlo durante un discurso, no llevaba ni tres pasos hacia él cuando me sentí entre dos moles, una mulata y otra blanca que, con los pies al aire, me condujeron a un corredor donde temblábamos los tres, mientras su jefe llegaba corriendo a rescatarme y los subordinados le imprecaban por no haberles avisado y poner en marcha uno de los sistemas de seguridad más férreos que haya visto. No acostumbro tomarme fotos, pero con Fidel fue una excepción.

 Primero los niños

Una de mis primeras experiencias en Cuba fue conocer un Círculo Infantil, institución creada para la atención integral de niños pequeños y para facilitar la incorporación de las madres al mundo laboral. Me emocionó el esmero y cariño con que eran tratados los infantes, a pesar de las modestas instalaciones.

En 1961 se abrieron los primeros círculos. Actualmente hay mil 130 atendidos por más de nueve mil educadoras, pero desafortunadamente no son suficientes para cubrir las necesidades.

En La Habana visité el Circulo Infantil Amiguitos de Polonia y mientras esperaba a la directora capté una escena que me conmovió: una niña negrita estaba sentada en el patio mientras otros pequeños jugaban, de pronto un niño blanco que corría se dio vuelta y se hincó para amarrar las agujetas de la niña; disparé mi cámara y la UNESCO me dio un Premio Mundial en el Año de la Tolerancia, cuando la ONU señaló que “la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos”.

 Una pasión cubana

El baile es una de las pasiones de los cubanos y el ballet clásico ha sido una de las glorias de su cultura. Como fotógrafo me gustaba ir a la sede del ballet de Cuba para captar la estética de cuerpos educados para transmitir su gracia y donaire, aunque estuvieran descansando o hablando por teléfono.

En el Gran Teatro de La Habana presencié una gala que incluyó desde prodigiosos pequeñitos hasta Alicia Alonso que, con una intervención de segundos, demostró por qué se le reconocía como Prima Ballerina Assoluta y por qué fue galardonada con El Águila Azteca, máxima condecoración mexicana.

Ciencia con conciencia

La escasez de medicinas en hospitales cubanos y mexicanos es insoslayable. Pero los esfuerzos para sus solución también lo son. Durante una estancia en Tanzania, enviado por el CONACYT, me enteré que cerca de la aldea en la que me encontraba había un grupo de cubanos; los visité y resultaron ser médicos, encabezados por el Dr. Manuel Limonta realizando una admirable tarea de colaboración, en circunstancias muy difíciles.

Para mi sorpresa, volví a ver al Dr. Limonta en 1986 durante la inauguración de un gran complejo científico en La Habana, del cual sería el líder. Ahora, con mil 600 colaboradores, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología es reconocido mundialmente por sus aportaciones aplicables en infartos, hepatitis, difteria, tosferina, diabetes, cáncer o cirrosis y también en el sector agropecuario y acuícola.

El centro forma parte de la infraestructura científica creada por los cubanos, en los que su dedicación y talento ha logrado que de mil 130 solicitudes de patentes en el exterior, el 70% hayan sido aceptadas en Europa occidental, Canadá, Japón, Estados Unidos, Brasil, Australia, India y Argentina.

Por lo anterior, la UAM otorgó a Limonta el Doctorado Honoris Causa.