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Angélica María Martínez, es una persona de Talla Baja que se preocupa por impulsar la inclusión social en la ciudadanía

Angélica María Martínez. Foto: Especial.

Aunque no ha sido fácil, Angélica María Martínez Martínez, quien es una persona de Talla Baja, ha enfocado su vida a ayudar a personas que como ella, buscan mejores condiciones de desarrollo e inclusión social.

Como lo señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), la acondroplasia es un desorden congénito que consiste en una alteración ósea de origen cromosómico y afecta al desarrollo del cartílago de conjunción de los huesos largos, sobre todo en brazos y piernas.

A sus 45 años, Angi, como la conocen sus amigos, goza de buena salud, baila, realiza deporte y recuerda su infancia como feliz, pues sus padres y sus 9 hermanos siempre le han mostrado su apoyo para salir adelante pese a las barreras que ha encontrado.

Recordó que antes la discriminación era más notoria, pues a la sociedad le faltaba mucha información sobre este tipo de discapacidad y de las personas que la padecen, sin embargo con el paso del tiempo se ha generado más inclusión social.

“Para mi ya no es igual que antes, atravesamos por muchas cosas todas las personas así, pasamos por críticas, insultos y discriminación sobre todo, y ahora para mi ya no es así, hay más aceptación de la gente”, refirió.

Por lo anterior, gusta de ayudar a entender las dificultades de tener Talla Baja, actividad que realiza desde que se unió a la asociación irapuatense De la Cabeza al Cielo, a la cual se acercó hace varios años.

“Conocí a Marisela y Ricardo (Directores de la Asociación) porque una señora me dijo que ellos tenían un hijo pequeño con acondroplasia, de inicio dije a ver de que se trata y les di el si, conocí a Ricardo y a la siguiente semana trajo a su familia, me encantó convivir con ellos y con más gente de talla baja”, destacó.

En su búsqueda de mejores condiciones para las personas de este sector, Angi recomienda no esconderse, buscar oportunidades de trabajo, que lleven una vida activa y normal como cualquier persona promedio.

“Hay personas que todavía no quieren acercarse, pero eso nos abre oportunidades para que salgamos adelante”, dijo.

Angi trabaja desde hace 13 años en una tienda de abarrotes ubicada en la colonia Valle Verde, en donde labora de las 8:30 de la mañana a la 9:30 de la noche, trabajo que le gusta mucho y en el que piensa permanecer por más tiempo.

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