Torrente en el País de las Maravillas

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Lo peor que puede hacer un técnico es perder la cabeza, desesperarse y engancharse con todo mundo

Lo peor que puede hacer un técnico es perder la cabeza, desesperarse y engancharse con todo mundo. Y Javier Luis Torrente ya entró en esos terrenos. 
Si definimos el concepto ‘realidad’, decimos que es la suma de los hechos más las interpretaciones de cada quien. Aquí sin duda se hallan los dimes y diretes en torno al equipo pues realidades hay muchas para explicar el mal paso de los felinos.
Las palabras del domador después del último partido extrañaron más que el planteamiento y los movimientos tácticos contra los Diablos.  
La cruda verdad es que los Verdes son el peor equipo de la general y Torrente justifica ese hecho, que está a la vista de todos, apegándose al ‘como nunca’ y al ‘como siempre’; León volvió a jugar mejor que el rival y salió perdiendo.
Lo cierto es que el futbol del León sigue sin decir nada agradable y las soluciones parecen estar lejos de encontrarse.
Torrente habló de que en por lo menos cinco partidos sus pupilos fueron más que su enemigo sin que el triunfo los acompañara. Hagamos un repaso: al Necaxa se le ganó jugando mejor solo el segundo tiempo y contra Pachuca, Pumas, Monterrey, Tijuana, Querétaro, Santos, Atlas, América y Toluca, la pregunta es ¿en cuál de estos choques perder o empatar fue injusto?
Ante Toluca, el técnico prefirió defenderse que autocriticarse. Sin jugar bien se le fue el juego entre los dedos aun utilizando una mano para marcar un gol. No se notaron acciones estratégicas para resolver, pero sí cambios que dieron al traste el funcionamiento colectivo.
Hemos visto repetidamente en este torneo a Esmeraldas haciendo intentos vanos en posiciones que no son las suyas, así como a otros que no han dado una en su función nata.
Las lesiones, los castigos y las bajas de juego son azares en el destino del balompié que siempre existirán y es ahí donde la capacidad de los entrenadores sale a flote. 
Efectivamente hemos visto que Torrente le ha buscado por arriba, abajo y ambos lados a un equipo diezmado por las circunstancias y los caprichos. Sin embargo, cuando las justificaciones suman ya diez partidos y uno pendiente, estas huelen más a pretextos.
Torrente se siente entero, dice poner el pecho y promete lucha. La historia dicta que los buenos entrenadores siempre dan eso, pero también encuentran soluciones rápidas cuando el porqué es difícil de explicar.
Para muchos, la pésima  realidad del León está en los jugadores, no obstante, Torrente los cobija a pesar de que en la perspectiva no existe una comunión entre cancha y banquillo. En todo esto, defender a los jugadores a capa y espada puede resultar peligroso. 
Hoy en día nadie compra el guión de que el León juega en el País de las Maravillas con un futbol deleitable y propositivo. 
Luego de una derrota como la del sábado pasado vendría bien una dosis de sinceridad, aunque esta duela al aceptar que te equivocaste. Así como una sinceridad dura para decirles a varios de tus jugadores que la mística de este equipo no se toma a la ligera. 
Está perdida la Copa, está perdida la Liga, pero la dignidad de este club aún está en juego.
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