La doble moral en política

Opinion
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¿Cuánto gastó el Instituto Electoral de Guanajuato, al llevar una caravana de “observadores” a las elecciones en Estados Unidos?

Tan pronto un funcionario norteamericano aludió al peligro que para México representaría el arribo de López Obrador a la Presidencia, se soltó la izquierda en pleno para condenar lo que asumieron como “intervencionismo”. Lanzaron denuestos los que les rinden tributo a Marx, Lenin, Stalin y hasta los que recuerdan a Vicente Lombardo Toledado, casi todos amantes del proletariado de mentiritas, ya que no han redimido a los demás, pero ellos, casi todos, brincaron de la pobreza a la abundancia y el dispendio, ¿o no, señor Bejarano?
Pero el fondo de este comentario no es que demandemos a los bolcheviques de pacotilla que vivan en la inopia o formen en el lumpen de las grandes y pequeñas poblaciones, sino mostrar su doble rostro, una ética con doblez, una conducta recta que a veces presumen, pero que en el fondo resulta de mentiritas.
Antes de que mister Trump llegara a la Presidencia de EE.UU., de aquí para allá se lanzaron, por parte de no pocos comentaristas, analistas, críticos y criticones, dardos encendidos  y envenenados, hasta mentadas de progenitora en letras de molde. Ya en el sitial, al mister le llueven a diario juicios adversos a sus actitudes. Con razón en muchos casos; pero lo curioso es que disparar desde este lado se vale, es cuerdo, justificado, legítimo; ah, pero que no venga de allá una simple apreciación porque se nos eriza el pelo, nos llenamos de santa indignación y reclamamos respeto a la autodeterminación de los pueblos. Fundamentados, claro, en la ya un poco arcaica Doctrina Estrada.
¿Qué nos pasa? Es que para algunos mexicanos cuanto ellos realizan, piensan o proponen está bien porque salió de su caletre o actitud. Y como para ellos no hay moral, ni ética, su doble rostro o conciencia dual les permite creerse dueños de la verdad. La tienen como suya propia, secuestrada o hasta de uso exclusivo o particular.
Vale la pena recordar que hay aún personas que emulan al Alazán Tostado, Gonzalo Natividad Santos, cacique por años en San Luis Potosí, quien postuló que “La moral es un árbol que da moras”. Con tal cinismo presumía su poder y hasta el asesinato de dos líderes estudiantiles, Del Campo y Candevila.
En esa tesitura, algunas personas suponemos que cuanto nosotros realizamos está bien, es correcto sólo porque lo ejecutamos a nuestro leal saber y entender. Así no pocos políticos cuando acuerdan ya están entre las patas de los caballos. Que decimos en Quintana Roo, Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas, Nayarit, Coahuila, Ciudad de México con Marcelo y compañía y paremos de contar.
Los titulares del Ejecutivo, en no pocas entidades, acometen tarascadas gigantes al presupuesto, en provecho propio y de sus allegados, claro que con la complicidad de los congresos y altos funcionarios. Para ellos, no hay moral, bueno sí, la de Gonzalo N. Santos.
No se requiere mucho cerebro para entender que a pesar de las leyes que constriñen el hurto en la cosa pública, debemos entender que en no contados casos los manejadores del dinero público son escogidos a modo.
En muchos casos el dinero baja, escurre, como en cascada y baña a cuantos debieran vigilar el buen o mejor uso del monetario. Ellos callan, porque les salpicó. ¿Miento o aventuro ideas disparatadas, sin sustento? Una historia fresca, reciente, corta, nos evidencia la realidad. Al fin del año pasado, a los diputados y diputadas  federales, por un acuerdo truculento, no legal sino legalizado, se les entregaron 150 mil pesos a cada uno, (multipliquemos por 500, sin contar senadores), para que con ese monetario hicieran buenas obras. Cual si fueran hermanitos o hermanitas de la caridad.
¿Y el resultado? Nadie, que se sepa, ha rendido cuentas y menos pormenorizadas. Tal vez les ocurrió lo que a Camerino, devoto de San Pascual Bailón, que al morir su anciano tío le dejó muy considerable herencia, con la indicación de que la suma fuera repartida entre los pobres, necesitados y hambrientos. En su moral y apegado a una lógica elemental, el que recibió tal mandato se quedó, a poco hasta sin escrúpulos de conciencia (¿cual los legisladores?), con todo el caudal ya que él, Camerino, era pobre, estaba necesitado y llevaba tres días sin comer por cuidar al anciano.
Se antoja oportuno, a propósito de la doble moral , falta de ética o conciencia laxa, recordar al campesino que le ofreció un surco de maíz a San Isidro Labrador, claro que si se daba buena la cosecha del año. La pizca resultó abundante, el granero a reventar, pero el labriego sacó a relucir su doble moral, le dijo al santo que quita el agua y pone el sol: “ni modo, tu surco era el de la orilla, pero los vecinos nos robaron. No dejaron ni rastrojo. ¡Ojalá que el año venidero nos vaya mejor!”.
¿Algo más de política? Una persona completaba a muy duras penas su planilla para lanzarse a una alcaldía, buscó y rebuscó con quién cubrir la última regiduría. Se le vino el nombre y lo anotó llamándole luego a la gente favorecida. Llegaron al sitial. Ya a la hora de cobrar, le mandaba a su beneficiado notas para que las pagara, una especie de moche nada disfrazado. ¿Eso es ético, inmoral o abuso?, califíquelo cada quien.
La doble moral en nuestro País se mezcla con la estrategia electoral. Para ganar, en las elecciones de junio, que son varias, pero la que más le importa al grupo en el poder es la cereza de la corona, o sea el Estado de México, ya se detuvo en Italia al ex gobernador de Tamaulipas. ¿Sabían en dónde y bajo qué máscara se ocultaba? Claro que sí, pero la oportunidad se pintó calva.
De los grandes prófugos actuales, seguramente al llegar el “destape” del candidato oficial, para el 2018, se va a tender una cortina de humo aprehendiendo a uno de los fugitivos. Luego, ya para las elecciones, se encontrará a los demás “angelitos”. Así se sensibilizará al pueblo sufragante y de paso le heredarán el paquete justiciero al régimen por venir.
¿Verdad que para no pocos la “sabiduría” del cacique potosino es su norma a seguir?