Dan a luz jornaleras en cualquier ciudad

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Embarazadas abandonan sus casas para trabajar en los campos del País por 10 u 11 meses, por lo que dan a luz en el Estado en que estén laborando

Rufino López y Silvestra García con Beatriz, de tres años, una de sus cuatro hijos. Fotos: Luz Elena Escobar

Durante el transcurso del año, familias de Guerrero, Oaxaca y Chiapas abandonan sus hogares para trabajar en la cosecha de los campos agrícolas del País. 

Los jornaleros trabajan entre 10 y 11 meses, con estancias de uno a dos meses en las tierras de Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Sinaloa y Baja California, cortando jitomate, tomate, chile, cebolla y fresa. 

Las mujeres recorren estas tierras desde su infancia hasta que son madres de familia y comienzan su propia trayectoria; en este tiempo, las mamás embarazadas dan a luz en la ciudad que se encuentren laborando. 

Los campos se ubican a las orillas de la ciudad, por lo que la atención médica a estas mujeres no es constante, e incluso hay quienes su parto es atendido por mujeres parteras en casa. 

Pipas de agua que Sedesol brinda a los jornaleros.

Los niños, al nacer, carecen de atención médica como vacunas y control pediátrico, no asisten a la escuela, no tienen una vivienda estable, e incluso hay quienes no cuentan con registro de nacimiento; lo anterior, a consecuencia del ritmo de trabajo de sus padres, esta historia se repite por generaciones.

El 14 de junio pasado, una bebé de tres meses, hija de jornaleros de Oaxaca, falleció a causa de neumonía. La familia vivía en la comunidad San Bernardo, en Purísima del Rincón, y tuvo que regresar a su estado para sepultar a su hija.

La Secretaría de Salud de Guanajuato informó de otro caso, el 11 de junio pasado: se detectó enfermo un niño de un año de edad, proveniente de Guerrero, el cual se recupera en el Hospital General de León, por una infección respiratoria.

Locales comerciales que renta Lucía Ruíz con sus tíos y siete primos; cada mes paga mil 500 pesos. 

Tienen hijos de tres estados 

Desde niña, Lucía Ruiz Modesto salía de su comunidad Cuchuapan, Guerrero, con sus padres y hermanos para trabajar como jornalera. En el campo, conoció a su esposo, con quien procreó tres hijos.

Cuando Lucía tenía 13 años tuvo a su primera hija. En ese tiempo, trabajaba en los campos agrícolas de Autlán, Jalisco, lugar donde nació su hija en la casa que rentaban, con ayuda de una partera. 

Su segundo niño, quien tiene ocho años actualmente, nació en Guerrero, mientras estaba de visita en su pueblo. 

Adrián, su último hijo, hasta el momento, tiene un año de edad; él nació el año pasado en el Hospital Regional de León.

Sus hijos, los mayores, que no asisten a la escuela, acuden con su papá al campo, mientras que Lucía se queda en unos locales que acondicionó como casa a realizar los quehaceres del día. 

La finca que se ubica a pie de carretera en el rancho Nuevo Lindero, León, Lucía la comparte con sus tíos y siete primos; cada mes, entre las dos familias, pagan mil 500 pesos de renta. 

Cuartos improvisados, donde duermen los campesinos. 

En un mes más, Lucía migrará con su familia a los campos de Yurécuaro, Michoacán, para continuar con su travesía.

El Centro de Desarrollo Indígena Loyola estima que cada año llegan 3 mil jornaleros originarios de Chiapas, Oaxaca y Guerrero a los campos de León, San Francisco y Purísima del Rincón, Silao, Romita, Dolores Hidalgo y Valle de Santiago. 

Aunque no se tiene una cifra precisa, la Secretaría de Salud de Guanajuato actualmente ha identificado, a través del “Operativo Migrante Agrícola”, 583 campesinos provenientes del sur del País.

Atienden a 11 embarazadas en León 

Actualmente, la Jurisdicción Sanitaria VII atienden a 11 embarazadas en control prenatal, entre ellas, Cecilia Ruiz Feliciano quien en 15 días tendrá a su tercer hijo en León. 

Su hijo Paul, de dos años, nació en Jalisco y no cuenta con el registro de acta de nacimiento, mientras que Alicia, de cuatro años, es originaria de Chihuahua, pero fue registrada en Guerrero.   

Casas de campamento improvisadas.

Cecilia es originaria de Cuchuapan, Guerrero, su familia tiene dos meses que llegó a Guanajuato. Después del nacimiento de su bebé, espera trasladarse al municipio de Autlán, Jalisco, para la cosecha de chile.

La jornalera platicó que no le preocupa vivir sus embarazos entre el campo y viajar de ciudad en ciudad, ya que la necesidad económica les obliga a salir de sus pueblos en busca de trabajo para sobrevivir. 

A Cecilia la acompañan sus papás, con quienes comparte un cuarto, que renta por mil 500 pesos, además, del pago del servicio de agua.

Cecilia siempre ha trabajado para apoyar económicamente a su esposo, sin embargo, dejó de hacerlo en los últimos meses de su embarazo, por lo que sólo sobreviven con el sueldo de su marido.

Actualmente, el esposo de Cecilia trabaja en las tierras de Barretos, León, en un día pisca entre 12 y 15 costales de chiles, cada costal se lo pagan a 16 pesos; en promedio son de mil 300 a mil 500 pesos por semana que percibe la familia guerrerense. 

Ven insuficiente apoyo de gobierno

Además de atender a mujeres embarazadas, la SSG brindó 234 consultas médicas a jornaleros de los campos de León, Romita, San Francisco y Purísima del Rincón, Manuel Doblado, Silao y Dolores Hidalgo; las principales atenciones son infecciones intestinales, respiratorias, conjuntivitis, dermatosis y parasitosis.

Sin embargo, para Silvestra García Espinobarros, las consultas que la Secretaría de Salud da no son suficientes, en comparación con la ayuda que reciben del Gobierno de Baja California. 

Bodega prestada para 12 familias jornaleras.

Silvestra y Rufino López, originarios de Tlapa de Comonfort, Guerrero, platicaron que es la primera vez que llegan a campos agrícolas de Guanajuato y su experiencia no ha sido satisfactoria, pues aseguran que, en Culiacán, Sinaloa, el gobierno les apoya con albergues y guardería para sus hijos. 

Los jóvenes padres de familia de 26 años tienen cuatro hijos, todos nacieron en Guerrero, pero sus embarazos Silvestra platicó que los vivió trabajando en los campos de Baja California y Sinaloa; antes de cumplir con los nueve meses de gestación, se regresaba a su pueblo para el alumbramiento de sus hijos.  

“Embarazada le entro al campo y no solo yo, todas las que vienen porque no hay dinero en el pueblo de uno, de lo demás ya Dios dirá”, comentó Silvestra. 

Silvestra tiene cuatro hijos: un niño de 11 años y tres niñas de 10, seis y tres años; quienes en Culiacán asisten a una guardería todo el día, mientras sus padres trabajan. 

Además, les apoyan con seguridad social, agua y dónde dormir, esto, en comparación de la bodega donde actualmente duermen y comparten con 15 familias más en la localidad de Barretos, León. 

Rufino comentó que en unas semanas más regresarán a su pueblo en Guerrero, para después regresar a Sinaloa o Baja California. 

Viven 12 familias en una bodega

En una bodega de ocho metros de frente por 30 de largo habitan 12 familias. 

Sobreviven con lo que tienen de forma improvisada y austera, pues la división de lo que simulan cuartos está hecha con cobijas, bolsas negras, costales y lonas. 

Cecilia Ruíz Feliciano, originaria de Cochuapan, Guerrero, con sus hijos: Paul, de dos años, que nació en Jalisco; Alicia, en Chihuahua, y en 15 días su bebá lo hará en León.

De unos tubos del techo bajan hilos de rafia entrelazados que sostienen las cobijas que hacen de paredes, los cuartos son continuos (uno tras otro) en dos hileras en las orillas de la bodega con un pasillo largo al centro lleno de zapatos rotos y llenos de lodo.

En costales guardan ropa, y sobre las cobijas en el suelo dejan artículos como jabón, peine, crema, gel, shampoo, algunos no tienen ni eso.

También entre sus ropas tienen su despensa básica con jabón, arroz, frijol y aceite. 

Sus camas son cartones y cobijas. Los costales donde guardan su ropa funcionan como almohada. 

Uno de los “cuartos” tiene lavadora, licuadora y parrilla eléctrica, otro una pantalla pequeña de plasma, en el resto solo hay ropa y cobijas. 

Afuera de la bodega, bajo unos huizaches, hay cuatro casas tipo campamento de otras dos familias, están hechas de lonas de plástico azul, cobijas y pedazos de lonas publicitarias de vinil.  

Aquí también las lonas y cobijas funcionan como camas. En cajas de madera, como las que usan para trasportar el jitomate,  colocan sus trastes o los guardan en arpillas o los cuelgan de los árboles.

Otras arpillas son usadas como hamacas.

Durante dos meses esta es la morada de 16 familias guerrerenses que trabajan de las 9 de la mañana a las 7 de la noche. 

Vicente Martínez, vecino de Barretos, comento que el dueño de la bodega es de Santa Ana del Conde y cada año la presta a los jornaleros, la luz la jalan de una secundaria y del gobierno sólo cuentan con el dos pipas de plástico por parte de Sedesol.