Periódico am | En busca de la paz perdida

En busca de la paz perdida

Opinión
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Perspectiva


Primera parte


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Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 


Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 
Mateo, Capítulo 7



Nadie está a salvo y nadie puede prevenir del todo las consecuencias de un estado que ha perdido la paz. Ningún éxito económico, ningún rezo o penitencia puede justificar los cambios dramáticos de la vida social en nuestra tierra. Guanajuato está perdido en la violencia y la incertidumbre, está anegado en las ambiciones de poder,  aunque los políticos venidos del púlpito lo quieran esconder.
La inmoralidad nos invade en la incompetencia o la connivencia de la corrupción. Mientras el hampa campea, las justificaciones vienen de todas partes. La principal: el otro es el culpable. El otro es la Federación o los malos que se matan entre sí, y otros cuentos que intentan sacar la responsabilidad de quien la tiene. Si damos en el voto el mandato para “cumplir y hacer cumplir la ley”, esperamos la hombría de bien de aceptar sus consecuencias, buenas y malas. Sólo tenemos pretextos y Escudos falsos.
Guanajuato podría tener ya un sistema anticorrupción cuando el PAN tiene más de dos décadas en el poder; podría tener ya a políticos corruptos como Juan Manuel Oliva y Bárbara Botello dando cuentas de cientos y cientos de millones desperdiciados y robados frente a las narices de todos. 
Nuestro estado tiene los recursos económicos suficientes y necesarios para crear la mejor policía estatal del país y evitar ya las miles de muertes y los miles de agravios que sufren los ciudadanos todos los días. Pero no entienden que no entienden, porque sus posibilidades son pequeñas y su altura de miras apenas rebasa el suelo. 
La visión de los predicadores es tan corta que viven de la arenga perpetua, lejanos al verdadero oficio de gobernar. Encomiendan a su dios lo que no pueden realizar ellos mismos. Quieren dejar en manos de lo infinito el trabajo que les corresponde y se hacen orates frente al despojo diario de nuestros recursos y la paz perdida. Compadres hacen negocios a diestra y siniestra, ante la mirada de todos, a sabiendas de que lo permiten sin remordimiento, sin temor de su dios. 
Esconden evidencias por conveniencia y connivencia; limitan el poder del Gobierno en sus manos porque sólo se atreven a cumplir con las consignas de su secta oscura, su grupo reunido en catacumbas morales y mentales. 
Mientras existan pocas voces o ninguna que se atreva a disentir, a cuestionar sus frutos efímeros, seguiremos perdiendo el suelo de lo que es racional y permisible.
Ya muchas veces hemos expresado la miseria de la violencia, desde policías asesinados, calcinados, hasta cientos y cientos de asesinatos impunes. En el Guanajuato que soñamos no caben malos que maten a malos, ni malos que maten a buenos, ni policías fulminados en el “cumplimiento de su deber”. 
Lo peor es que tenemos los recursos materiales para cambiar, para enderezar el camino, pero ni siquiera se dan cuenta de ello. Nuestro estado produce mucho y puede contribuir mucho más si quien gobierna tuviera un plan, una estrategia para salir del “socavón” de violencia en el que nos encontramos. Infortunadamente hay más recursos que voluntad, más posibilidades que imaginación. Lo podemos probar en unas cuantas líneas y así lo haremos.  
(Continuará)
 


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