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Venezuela como ejemplo

Opinión
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Más recientemente, en los años 90 se construyó gracias al liderazgo de Hugo Chávez.


Conozco bien Venezuela por sucesivos viajes para impartir conferencias invitado por empresarios y académicos, lo que me ha permitido conocer a este pueblo hermoso y alegre, así como a los diversos grupos de la sociedad que hoy disputan por el futuro del País. Venezuela había tenido ya gobiernos de centro y de derecha por décadas que habían mantenido algunos equilibrios para crecer económicamente, pero que habían limitado el reparto de la riqueza y provocado grandes diferencias entre los pocos ricos y los muchos pobres. Más recientemente, en los años 90 se construyó gracias al liderazgo de Hugo Chávez, líder militar con ideales nacionalistas, un proyecto personal que creció debido a su carisma y a sus dimensiones de héroe mítico frente a una población mayoritariamente pobre que creyó en él.
El evidente apoyo popular y de las fuerzas armadas, permitieron que Chávez llegara al poder y salvara la vida incluso en un golpe militar provocado por grupos empresariales y así se construyó la plataforma del proyecto “socialista del Siglo XXI”, que bien intencionado, tomó una ruta de nacionalización de industrias básicas entregando al pueblo, las empresas venezolanas. Pero Chávez murió y sucedió a él un hombre sin preparación y más egocéntrico todavía. Nicolás Maduro radicalizó el proceso y llevó en medio de corrupción y crisis económica, a la izquierda radical al poder. Por eso estos son días críticos para el futuro de Venezuela.
Con este pueblo nos unen pocos lazos históricos, aunque nuestros trayectos han corrido suertes similares. Con mucho petróleo en su subsuelo, México y Venezuela tienen una tradición liberal importante que ha hecho que en sus procesos electorales, la izquierda tenga un peso considerable. Venezuela tiene todavía una enorme reserva petrolera y una biodiversidad que la hacen atractiva para el visitante; pero el destino la ligó con el obsequio del “oro negro” que el igual que México tiene penitencias: creer que lo es todo y no generar alternativas, innovación, productividad.
Pero grave error: Maduro construyó el proyecto basado en su imagen, en su persona, en su carisma, y poco en una organización popular horizontal que incentivara la producción y descentralizara el poder. Venezuela era Chávez y éste quiso reencarnarse como Simón Bolívar (su héroe nacional, el Padre de la Nación). Grave error querer hacer a un ser humano a semejanza de un dios (La misma estrategia que en México para construir el movimiento de la izquierda radical ha construido López Obrador). Así, se controlaron a los medios de comunicación, a los partidos políticos y la corrupción gubernamental comenzó a salirse de control.
Maduro llegó al poder apenas con un escaso 1.5 % de margen en las elecciones. Eran muchos los logros sociales de la revolución chavista en salud y educación, donde se utilizaron las reservas petroleras, pero olvidando crear mecanismos que incentivaran la productividad individual y la inversión privada, esto generó que el aparato productivo se colapsara junto –también hay que decirlo-, con presiones de los grandes capitales internacionales. Todo esto hizo que al final el proyecto venezolano polarizara a la población en medio de un modelo económico centralmente planificado que terminó haciendo improductivas a las empresas nacionalizadas ahuyentando a los capitales nacionales y extranjeros provocando una inflación galopante traducida en especulación del abasto de alimentos.
Lo siguiente es conocido: inseguridad, salidas de capitales, desabasto y pobreza. Así, salieron las clases bajas y medias a las calles y los grupos estudiantiles que desean expresión libre, haciendo el resto: poner contra la pared a un régimen que quiso repartir la riqueza olvidando activar el motor para generarla.
Los Estados Unidos tienen sed de petróleo y hambre de control de las empresas venezolanas, pero lo que muestra el fracaso del proyecto social venezolano es que no se puede gobernar orientados al pueblo sin incluir a las clases medias y que el proyecto socialista que buscaba construir un mundo mejor, debió partir de liderazgos centrados más en la utopía que en el líder (por bueno que sea), en la confluencia de intereses de las clases populares y medias y no en su enfrentamiento. Maduro ha provocado en la práctica un Golpe de Estado al convocar e instalar la Asamblea Constituyente y esto anuncia ya la inminente caída del régimen de Maduro, pero provoca que pronto llegue con el fin del Chavismo, un gobierno conservador, cansados los venezolanos de un gobierno populista que colapsó la economía. En este espacio por años defendí las bondades de la experiencia venezolana; hoy soy de los que ve con desilusión que, si la economía no funciona y provoca hambre al pueblo, las revoluciones fracasan. Enorme ejemplo el de Venezuela para evitarlo en México.


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