Un hogar en el bosque neoyorquino
Un hogar en el bosque neoyorquino

Un hogar en el bosque neoyorquino

Decoración
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Una particular estructura cristalina que sobresale encima de las Montañas de Catskill es el símbolo de esta hermosa casa en la región de Upstate New York.

El interior se fusiona con el paisaje boscoso. Fotos: Archivo.


Concebir una vivienda de vacaciones en un entorno boscoso copado de montañas y lagos sin alterar la geografía del suelo fue el mayor desafío para el despacho neoyorquino Gluck+.


  Localizado sobre un terreno irregular en la región de Upstate New York, en Estados Unidos, el diseño de la casa hace honor a su nombre, pues su estructura exterior evoca una escalera que se eleva a la par de los árboles circundantes.


“El reto de diseño y construcción más complejo fue capturar tanto en el exterior como en el interior la experiencia de estar rodeado por la naturaleza, así como lidiar con las fuerzas estructurales inherentes de un edificio tan alto y esbelto”, dijo el arquitecto Thomas Gluck, director de la firma.


Como resultado, la frondosidad del hermoso paisaje es reflejada a través de la fachada cristalina con dos volúmenes sobrepuestos.


Por un lado, un cuerpo vertical que resguarda una habitación por cada uno de sus tres niveles y, por el otro, un cuarto piso en forma horizontal cuya estancia ofrece espectaculares vistas.


Además, la vanguardista edificación adquiere una estampa distinta tras la puesta del sol producto de un riel con luces diminutas que corre del piso al techo y despide pequeños destellos que simulan luciérnagas que merodean por el lugar.   


Proyección responsable



Bajo la premisa de desarrollar una solución sustentable, la construcción, que abarca un total de 775 metros cuadrados, destaca por la optimización de sus recursos energéticos.


  Este atributo deriva en un costo mínimo de operación y de mantenimiento para la residencia, que sólo se ocupa parcialmente durante el verano.


De ahí que los espacios estén orientados hacia el norte, con el objetivo de aprovechar y graduar la filtración de la iluminación natural, además de emplear una estrategia doble que evita la necesidad de aire acondicionado en el verano y reduce la huella de calefacción en el invierno.


“Al comprimir y apilar todas las zonas húmedas y tuberías dentro de un núcleo central de aislamiento, gran parte de la casa puede ser ‘apagada’ en el invierno cuando está en desuso. 


“Así, al cerrarla, se registra una disminución de energía hasta del 49 por ciento sin que los ambientes internos presenten congelamiento”, explicó.


De esta manera, el interior permanece templado durante la calurosa temporada de verano, ya que las corrientes frías entran por medio de un efecto chimenea que introduce aire fresco a través del lado norte, mientas que el cristal de la fachada, orientada hacia el sur, despide el calor.   


“La simplicidad del interiorismo apoya la experiencia única de vivir entre los árboles, donde el blanco de los muros y techos contribuye a la sensación de estar flotando”, agregó Gluck.


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