Hasta por una azucarera, es mejor dejar un testamento

Opinión
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Acento de Mujer.

Una amiga me platicó que un día estaba desayunando con su nieta de 10 años. La niña estaba cautivada por una azucarera antigua que estaba sobre la mesa y le dijo a su abuelita lo mucho que le gustaba. Mi amiga, conmovida, le dijo a su nieta que cuando muriera, el recipiente sería para ella. Una tía de la chiquilla alcanzó a escuchar lo que su madre decía y le dijo: “Mamá, esa azucarera la quería yo”. Cuando mi narradora finalizó la historia del objeto en discordia, terminó diciéndome: “Todavía ni me muero y ya se están peleando por una cosa insignificante”.

Cuantas historias hemos escuchado que por no dejar un testamento en el cual se estipule minuciosamente cuál será el legado de cada quien, las familias terminan desintegrándose, dividiéndose y, a veces, hasta odiándose. Es común que alguien quiera sacar ventaja y aprovecharse cuando los bienes no están bien especificados. Mi abuela paterna tardó años haciendo su testamento, porque a detalle enumeró todas sus pertenencias, nombrando a quién se las dejaría. Cada cuadro, adorno, joya, mueble, era etiquetado para un hijo, hija, nietas, nietos y parientes políticos. Lo único que ella pedía al final de todas las hojas que contenía el documento testamentario era que al mirar el objeto heredado, se acordaran de su persona e hicieran una oración.

En muchas películas y telenovelas se habla de los testamentos ocultos que sólo es una carta con la firma del fallecido en la cual se designa a las personas herederas. De hecho, la fecha era de gran importancia, porque un escrito posterior podía anular al anterior. Hoy en día es importante validar los deseos del interesado en repartir sus bienes ante un notario público.

Es posible que nos gane la desidia y pensemos que ya habrá tiempo para hacer un testamento. La verdad es que no sabemos hasta cuándo vamos a vivir y, por ende, fallecer en cualquier momento, dejando nuestros bienes, pocos o muchos, intestados, provocando incertidumbre y posibles altercados entre los miembros de una familia. Como ejemplo actual, cito el legado del cantautor Juan Gabriel, cuyos hijos están en pugnas, demandas y discordias por los bienes que dejó el divo de Juárez.

Como bien expresó el secretario de Gobierno de Guanajuato, Gustavo Rodríguez Junquera,  “dejar un testamento es un acto de cariño, un mecanismo de protección y seguridad para los seres queridos”, ya que “el testamento expresa la voluntad de las personas sobre el reparto de bienes y ofrece la certeza jurídica para los familiares o seres queridos de la persona que resuelve el reparto, pero además evita posibles conflictos, gastos económicos innecesarios y alteraciones en la tranquilidad de la familia”.

Desde 2003 inició la campaña del mes de septiembre como el “Mes del Testamento”, y durante este periodo los notarios públicos disminuyen el costo de la elaboración del documento. No hay que estar al borde de la muerte para asistir con un notario y designar a quiénes queremos heredar. En pleno uso de las facultades mentales, debemos expresar nuestros deseos para dejar certeza jurídica y evitar discordias entre nuestros seres queridos que hasta una linda azucarera podría provocar.

 

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