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Disfrutan de viaje por el universo

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Vibran con concierto multimedia "Los planetas", a cargo de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

José Areán dirigió a la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, mientras se proyectaba la película “Los planetas”. Fotos: Enrique Luévano


Un viaje a través del universo se disfrutó el viernes en el Teatro del Bicentenario, gracias a la interpretación de “Los planetas”, de Gustav Holst, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, y a la proyección de siete cortometrajes del astrónomo José Francisco Salgado Alicea.


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Minutos después de las siete de la noche, Salgado Alicea, reconocido científico y artista visual puertorriqueño, apareció en el proscenio y se presentó ante una sala casi llena.


Platicó que su filme surgió de un encargo de la Chicago Sinfonietta para dos conciertos en 2006, con la suite orquestal “Los planetas” de Holst. Para ello, recurrió a imágenes de la NASA y la Agencia Espacial Europea, así como a fotografías tomadas por él mismo.


Contó que su película tuvo tal aceptación del público y la orquesta, que decidió hacer otra: “Cuadros de una exposición”, de Modest Mussorgski, que lo llevó a fundar la organización KV 265, impulsora del proyecto “Ciencia y sinfonía”.


Salgado Alicea recordó que entre 1914 y 1916, Holst compuso “Los planetas”, inspirándose en la astrología, mas no en la astronomía.



El astrónomo puertorriqueño José Francisco Salgado Alicea ofreció una introducción al espectáculo. 


Aclaró que su cinta no es un documental ni una película de ciencia ficción, sino una pieza de arte en la que intentó sintetizar la exploración espacial, con la música del compositor inglés como banda sonora.


Enseguida, describió algunas imágenes de los siete planetas que aparecen en su filme y en la partitura, con los nombres que Holst les dio: Marte, el portador de la guerra; Venus, el portador de la paz; Mercurio, el mensajero alado; Júpiter, el portador de la alegría; Saturno, el portador de la vejez; Urano, el mago; y Neptuno; el místico.


También los cortos incluyen ilustraciones históricas, animaciones y videos de la Tierra, el Sol, nebulosas, satélites, así como de telescopios y sondas espaciales.


Unen música y astronomía


Después de la introducción, el director titular de la OSA, José Areán, se presentó en el escenario, se subió al podio, frente a una pantalla pequeña, y tras colocarse unos audífonos, dio inicio al concierto multimedia.


En “Marte”, el primer movimiento de la suite, las cuerdas tocaron con precisión el ostinato rítmico, mientras que los metales lucieron un sonido brillante durante el tema principal. Gracias a la dirección enfática, la música se escuchó potente y agresiva, acorde con las imágenes del planeta rojo, con sus remolinos de arena, también conocidos como “diablo de polvo”.



El público quedó encantado con el concierto multimedia, en el Teatro del Bicentenario.


La serenidad y la luminosidad llegaron con “Venus”, el planeta verde, en el que destacaron los solos del concertino, la flauta y el corno. La orquestación delicada y el tempo lento concordaron con el ritmo tranquilo del filme.


En contraste, la agilidad y ligereza asociadas con el dios Mercurio, estuvieron presentes tanto en la música, con sus rápidos arpegios y escalas, como en la película, con sus visuales del tránsito de este planeta.


“Júpiter” fue uno de los movimientos más emocionantes no sólo porque la OSA logró contagiar la alegría de la pieza, sino por la fuerza de las imágenes del planeta, visto tanto de cerca como de lejos. Sin duda, la audiencia quedó cautivada al observar el astro en todo su esplendor y escuchar el himno solemne de la parte central.


Con tomas de la sonda Cassini, la película ofreció numerosos detalles de Saturno, uno de los planetas más bellos del sistema solar, con su majestuosa corona de anillos. Musicalmente, el tempo quizá resultó muy rápido para la pieza más lenta y seria de la suite, pero hay que aclarar que José Areán tuvo que empatar la interpretación con la velocidad preexistente de la película.


Al viajar hasta Urano, el gigante helado y ventoso, no podían faltar fotografías de algunos de sus satélites, como Ariel, Miranda, Titania y Oberón, conocidos gracias a las observaciones de las sondas del Voyager 2 y del telescopio Hubble. En este movimiento, primero los alientos y las cuerdas, y después toda la orquesta, siguieron con seguridad el ritmo saltarín que recuerda a “El aprendiz de brujo” de Paul Dukas.


En la última pieza, “Neptuno”, los trémolos y arpegios de las arpas y cuerdas, el sonido dulce de la celesta y el coro de voces femeninas del Teatro del Bicentenario, que cantó fuera de la escena, evocaron el misticismo de la música, en armonía con las imágenes misteriosas de la nebulosa de Orión.


Tras apagarse los sonidos, los aplausos comenzaron a escucharse y algunos de los asistentes no tardaron en ovacionar de pie. Felices, José Areán, José Francisco Salgado y Jaime Castro Pineda, director del coro, agradecieron al público por su gran interés hacia este espectáculo en el que, como pocas veces sucede, se unieron la ciencia y el arte.


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