¿Ociosidad o curiosidad científica?

¿Ociosidad o curiosidad científica?

Opinión
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Los científicos no solo investigan el universo conocido, sino también exploran posibilidades teóricas del universo.


Los científicos no solo investigan el universo conocido, sino también exploran  posibilidades teóricas del universo sobre las cuales puede no haber ninguna evidencia observacional o experimental. Esto puede resultar sorprendente y pareciera establecer un paralelo entre el trabajo de esos científicos y el de algunos filósofos que discuten problemas metafísicos aparentemente alejados de toda realidad. Enseguida se presentan algunos ejemplos.


Los físicos que actualmente trabajan en teoría de cuerdas saben que tienen que elegir entre cientos de teorías diferentes y concentrar su trabajo en alguna de ellas. Probablemente algunas teorías resulten aplicables al universo real y otras no, o es posible que ninguna sea aplicable. En realidad no lo sabemos.


La teoría Matricial para explicar las fuerzas y partículas del Universo de Geoffrey Chew, no llegó a nada útil después de años de trabajo de muchísimos científicos del mundo.


John Schwartz, discípulo de Chew, propuso en los años 70 la teoría de cuerdas.  Esta teoría es muy controversial, exige vivir en un universo de diez dimensiones además de que no ha hecho predicciones verificables. Si esta teoría lograra algo o no -y si Schwarz tendrá el mismo destino o no que su maestro Chew y que miles de otros científicos del mundo- no se sabe. Murray Gell-Mann, premio Nobel de Física y padre de la teoría de Quarks, siempre pensó que independientemente de los problemas y resultados actuales, la teoría merece ser explorada.


Cada teoría es una posibilidad más del intelecto humano para explicar y comprender el Universo. Con mucho trabajo científico ocurre lo mismo que con los huevos de las tortugas de mar. De cada 100 tortugas que nacen sólo tres se convierten en adultas, las demás mueren en el camino y cada una de ellas -lo mismo que cada trabajo científico- representa una posibilidad explorada en el Universo, cada una cumple una importante función por modesta que parezca. El riesgo es parte inherente y necesario de toda actividad intelectual. Quienes no tienen la audacia de correr estos riesgos pueden dedicar su vida a hacer cosas que impliquen menor riesgo.


Otro importante ejemplo son las soluciones que Paul Dirac encontró a una ecuación (que ahora lleva su nombre) en 1928, esta ecuación sintetiza la mecánica cuántica con la teoría especial de la relatividad. El obtener soluciones de esta ecuación para cargas negativas y positivas fue inicialmente solo una interesante curiosidad matemática; sin embargo, cuatro años más tarde se descubrió experimentalmente el antielectrón (electrón positivo) y una serie de antipartículas, y por tanto de antimateria. Fue Carl Anderson quien descubrió el positrón en 1932 confirmando así el trabajo teórico de Dirac.


Un tercer ejemplo lo encontramos en 1967 cuando el científico ruso Víctor Veselago propuso la idea de que podrían existir materiales con permitividad y permeabilidad negativa y por consecuencia, materiales con índice de refracción negativo. En su momento esto pareció una locura y la idea quedó como una curiosidad teórica matemática durante 32 años. Sin embargo, en 1999 se creó el primer dispositivo con índice de refracción negativo (llamado “meta-material”) que está descrito por la teoría de Veselago. Esto abrió sorprendentes y nuevas posibilidades y aplicaciones tecnológicas previamente inimaginadas, entre ellas la invisibilidad óptica.


Un último ejemplo son los monopolos magnéticos. La teoría electromagnética de Maxwell prohíbe su existencia y no hay actualmente ninguna evidencia observacional u experimental que sugiera su presencia; sin embargo, esto no ha impedido que varios científicos del mundo trabajen en la descripción de una teoría que incluya la presencia de monopolos magnéticos. Si estos desarrollos teóricos tendrán o no alguna aplicación práctica es algo que por el momento nadie sabe.


Los ejemplos anteriores son una pequeña muestra de casos en los que científicos han trabajado en problemas que en su momento pudieron considerarse ociosos o francamente inútiles. Se trata de problemas que inicialmente pueden no tener alguna relación con el mundo real y en su momento no sabemos si algún día la tendrán; sin embargo, es importante explorar todas las posibilidades teóricas, esta curiosidad es parte de la esencia de los seres humanos.


Desde luego para la mayoría de los científicos es más seguro, más fácil y más productivo trabajar haciendo uso de modelos y teorías que ya se conocen y se han probado exitosamente, que arriesgarse a describir cosas, modelos o teorías que simplemente por el momento no existen y podrían nunca existir.