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Sueños de fuga

Diseño: Grupo AM

En la Costa Oeste de Estados Unidos y Canadá hay ciudades maravillosas. Al norte de la frontera está San Diego, a unos media hora de Tijuana. Desde hace medio siglo es refugio de mexicanos por diversas causas. Recuerdo la primera ocasión que visité Tijuana hace 46 años y pasamos la frontera a San Diego. Fue una revelación: el enorme puente a Coronado, los centros comerciales incipientes; el edificio del periódico San Diego Union. La Joya y otras poblaciones en la costa quedaron en la memoria como un verdadero paraíso. Además de la infraestructura, atraía el bálsamo del clima templado con una brisa suave de mar.
 

Por eso la maestra Elba Esther Gordillo, líder del sindicato de maestros, decide comprarse no una sino dos casas en Coronado. Invierte una pequeña parte de su inmensa fortuna en tratarse a cuerpo de reina. Para eso el sindicato le aportaba cientos de millones de pesos al año que podía no reportar. Ni a sus representados, ni a Hacienda ni a nadie. Era dinero como suyo, o suyo y de sus hijos y nietos. Cuando el presidente Enrique Peña Nieto la pone frente a la justicia, fue fácil en una semana detectar su fortuna. Tan sólo sus tarjetas de Neiman Marcus y de Sacks representaban unos 50 mil dólares mensuales. Era imposible ocultar su sed de presunción con sus bolsas de Prada y su vestimenta siempre de diseñador de marca. La maestra era “totalmente” San Diego, porque además ahí curaba sus dolencias. 
 

Más arriba está Vancouver en la Columbia Británica, la ciudad más bella y civilizada de Canadá. Ahí vive Napoleón Gómez Urrutia, en un destierro de oro, como aristócrata del sindicalismo. Hombre sibarita que, según los juzgados mexicanos, desapareció cientos de millones de un fondo del Sindicato Minero. Napoleón, heredero de Napoleón Gómez Sada, resultó un trago demasiado amargo para la industria minera nacional. Su dureza puso en más de una ocasión al borde de la quiebra a varias empresas. Su guerra con el Grupo México de Germán Larrea será recordada como una de las más fieras y desbordadas de la historia.
 

Ahora Andrés Manuel López Obrador promete regresarlo a México. Como buen “hombre fuerte”, no atiende lo que digan los juzgados ni la evidente riqueza de Napoleón heredada y forjada desde “su” sindicato (nos gustaría ver sus declaraciones de ingresos y de impuestos).  Además Napoleón ya es canadiense. Canadá le otorgó asilo y luego ciudadanía gracias a la presión de los sindicatos locales.
 

Si gana AMLO y trae a Gómez Urrutia, muchas empresas y empresarios emprenderán la fuga a San Diego y Vancouver, dos ciudades con la mejor calidad de vida del mundo. ¿Cómo se atreve el candidato a cobijar líderes que han sido tan corruptos o más que muchos gobernantes?
 

Es cierto que en las campañas se debe sumar, se deben integrar corrientes distintas, fórmulas plurales y representantes populares de todos colores y sabores. Pero El Peje se pasa la raya. Tratar de apaciguar a los empresarios y traer a Napoleón Gómez Urrutia son mensajes encontrados. A medida que se acerca la elección escuchamos más y más voces temerosas de pequeños y medianos inversionistas. Y, por desgracia, hay muchos que están esperando el resultado y no invierten. No escuchan lo que dice el candidato; ven lo que hace. Tienen sueños de fuga. (Continuará)


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