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Fiebre en la política electoral

Opinión
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Dicen, los que saben, que la hepatitis no se cura del todo.


Dicen, los que saben,
que la hepatitis no se
cura del todo.


Hay quienes, de manera harto desesperada, dan sobrada muestra de su ambición por alcanzar un puesto de elección. Si es por la vía plurinominal, mejor, así no tienen riesgo de que los votos exhiban su escualidez popular. Otros y otras, puede decirse, prefieren cualquier cosa, pero que se les margine...¡jamás!
Es que la política militante se ha convertido, de siempre, en una manera de vivir cómodamente.
Cuando, en el pasado, alguien quería llegar y no alcanzaba el sitial, aguardaba a que le dieran lo que fue conocido y muy popular, “premio de consolación”. No lo lanzaba el entonces partidazo a gobernador pero lo hacía senador. Y le decían al oído: “te aguantas, estás en la antesala”. El ingenuo, lo creía, porque no le quedaba de otra.
En la política priísta había dichos, como el de “aspira, aguanta y respira hondo”, “no te lances contra el sistema si no quieres que el mismo te ahogue”, “no muestres el poder financiero que está atrás de ti, porque descubrirán tus compromisos”, “el que se mueve, no sale en la fotografía”, “lo besó el Diablo”, “ni modo, Pollo, perdimos”.
Eso hoy en día para algunos no tiene sentido ya que consideran que pueden presionar y hasta negociar para subir al sitial político. Dicen traer atrás carretadas de apoyos y apoco hasta de recursos, por lo que sostienen: “llego, porque llego”. No ven siquiera a sus compañeros o compañeras en su dimensión, los y las minimizan, les parecen sin mérito alguno. En todos los organismos registrados hay, tribus, pandillas, asociados y contlapaches que presionan a su organismo; casos tenemos en que le hacen al partido “manita de puerco”, para que se doblegue ante ellos. Va llegando el momento de parodiar lo que decía el padre Crucito: “en cuestión de puercos, todo es dinero y en cuestión de dinero....-política-...”.
¿Cuál es la cuestión? Muy simple: quien anda ya en la “grilla” a todo lo que da, no puede verse a sí mismo y menos en su justa dimensión. Le preguntan al espejo: ¿quién soy? Y el subconsciente le responde: “lo eres todo y tienes de sobra visión, talento y desde luego recursos”. Eso salen a pregonar. Sus amigotes seguidores y socios lo festejan y aplauden.
No hay mediana disposición para medirse con los planes, proyectos de otros personajes de su rango, para él o ella no existen competidores. La adrenalina la dispararon al cien. Por lo mismo cuando el método que sea no los favorece, primero amenazan y luego se quejan de la falta de visión de los electores internos o de los métodos obsoletos e inadecuados, en los que ellos y ellas mismas se involucran.
Claro que en la política hay trampas, trucos y maldad sin faltar grupúsculos que, en un momento dado manipulan decisiones internas, pero eso subsistirá hasta que la democracia aplaste a ese fenómeno llamado dedocracia, que lleva siglos imperando. Hoy ha cobrado gran fuerza en todos los partidos, máxime en Morena, en donde un individuo dice, sin escrúpulo alguno, quién va y quién se queda.
López Obrador, en Tláhuac, entonces D.F. le dio a un aspirante palanca. Ganó la titularidad en la Delegación, luego con la mano en la cintura lo borró del mapa político. Hoy de ese individuo no hay alguien que se acuerde de él. En Xochimilco, contra los designios de AMLO, resultó delegado Juan González Romero López, que reinaba en el D.F. lo recibió a los seis meses y jamás le hizo caso en nada.
Cuando se presionó, por medio de la ley, para que se diera en el Congreso la igualdad de género, el PRI lanzó a las que luego se conocerían como “las Juanitas”, candidatas que ganaron para en seguida renunciar a la curul, a efecto que entraran los suplentes, que eran no caballeros, simplemente hombres.
El dedócrata mayor, es López Obrador; él dice los que van y al resto los acomoda en donde, de ganar, de todas formas no se quedarán sin pitanza.
La democracia va a tardar en llegar pero cuando podamos vivirla no será posible que nos engañen y menos a los militantes de un partido; quienes traigan mucha labia, dinero de sobra, encuestas al por mayor y los consejos de su espejo mágico se quedarán en la banca.
Bárbara, antes de arrojarse al vacío, debió entender que hoy por hoy, la política es, como decía don Adolfo (Ruiz Cortines), el viejo:” el arte de tragar sapos, sin hacer gestos”. De seguir lanzando dardos la ex Alcaldesa, sus propios compañeros pueden ponerle muy lejano el fuero, darle un jalón a la cobija. Y...¡cuidado, porque estamos en tiempos de frío!


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