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Opinión
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Burocracia que indigna

Foto: Periódico AM


Cuando le dieron el adiós al presidente uruguayo Pepe Mujica, salió a la calle acompañado de sus amigos y subió a un modesto Volkswagen color azul cielo para dirigirse a su casa. Esta estampa recorrió todos los rincones del mundo, como un ejemplo de sencillez humana.  


Si fue efectivo o no, les queda a los uruguayos como tarea decirlo, pero lo cierto es que esa enseñanza debió ser muestra para apaciguar la soberbia de muchos políticos metidos a administradores de los bienes de un pueblo.


Hace unos días, AM Hidalgo dio a conocer la existencia de una flotilla de camionetas de lujo con un valor superior a un millón de pesos que es utilizada para los quehaceres diarios de los funcionarios del gobierno estatal.


Una camioneta con valor a 2.4 millones de pesos, nos mostró que la burocracia hidalguense utiliza sin medida los recursos públicos. Es tan desmedida su desproporción de la realidad de una entidad pobre, que no les importa ofender a quienes se cruzan en su camino y que necesitarían varias vidas juntas para cubrir al menos el enganche de un automotor de ese precio.


Dentro de la vida pública de los gobernadores y secretarios en Hidalgo, al menos en los últimos 30 años, ninguno de ellos ha sufrido algún atentado, lo que nos muestra una exageración al adquirir vehículos con un alto blindaje.


Ahora bien, son 21 las tipo Yukón, lo que podríamos entender como una para cada secretario del gabinete; sin embargo, hay otras diez camionetas de Toyota que nadie sabe a quién sirven y otras tantas de otras marcas, incluyendo Suburban.


Podríamos entender que en esa burbuja en la que se encapsulan, también incluyen en esas comodidades a su familia y personas más cercanas.


Una economía tan depauperada en una entidad con casi un millón y medio de personas sumergida en la pobreza, es decir más de la mitad, son signos inequívocos que se trata de una grosería que los servidores públicos viajen como verdaderos estadistas.


Si lanzáramos una encuesta de qué calificación se merece cada uno de los funcionarios que utiliza estas camionetas, tal vez nos equivoquemos pero más de la mitad no tendría la aprobación suficiente para gozar de este beneficio, es más, debería andar caminando por su bajo rendimiento en el servicio que presta al estado.


Junto a estos gastos excesivos se suman las rentas de las oficinas que alojan a las distintas dependencias. La mayoría de ellas ya se encuentran en zonas residenciales, incluso en lugares donde no existe servicio de transporte público como es la Zona Plateada.


Ahora bien, ¿hace falta tanto gasto corriente invertido en burocracia? ¿Realmente nos paga en forma recíproca esa multitud de empleados gubernamentales? ¿Eso justamente era lo que buscábamos cuando fuimos a depositar nuestro voto de confianza a las urnas?


Por necesidad, se deben amarrar las manos al gasto excesivo, a las negociaciones indebidas en la venta de bienes públicos, en las donaciones. Aquí, es donde se debe escuchar la voz clara de un gobernante cazado con la sociedad, que afirme ceñirse a nuevas reglas, donde el dispendio no tenga lugar para así brindar una oportunidad a los tantos depauperados que existen en Hidalgo.


Nimiedades: Nominar candidatos federales y locales fue un martirio para el tricolor, pero peor será sanar fracturas, heridas y raspones que provocaron en el camino.


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