Fiera, ruge y no te enjaules

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No hay necesidad de sufrir tanto, de amarrarse y darle bocanadas de vida al rival

Mauro Boselli en el duelo ante Puebla. / Foto: Omar Ramírez


Tan fácil que es jugar bonito, práctico, versátil y vertical. Y el León tiene para hacerlo así.


Bajo el marco está un portero que cuando se decide baja la cortina, sale bien, arriesga el físico y logra manotazos salvadores.


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En la central y a pesar de que ahora está mermada por las lesiones, tiene zagueros que han logrado imponer su presencia y son incómodos a los atacantes rivales.


Por la derecha porta el número 5 un defensa que cuando se le da libertad se agrega bien al frente, es enojón en las redes sociales pero firme al momento de ir tras su contra y quitarle el esférico.


Cuenta con un contención todo terreno, que recupera, cubre los huecos, va y viene, grita, manotea y siempre se le extraña cuando no juega.


Por la diestra viste de esmeralda un jugador nacional de etiqueta mundialista, que si le das el balón una y otra vez, hace de las suyas, puede desbordar y sacar centros precisos para ser impulsados a la red.


Y por el otro lado, en el sendero izquierdo, corre un arma que si la cargas de pólvora y municiones dispara en el blanco. Y también hay que decirlo, en ocasiones cae mal cuando después de anotar se lleva las manos a las orejas en señal de protesta por las exigencias de la afición.


Este equipo verdiblanco tiene en sus filas a un chaparrito de pocas pulgas que hace maravillas con la pelota. Si lo pones de enganche, volante o como segundo contención, logra cortarle el ritmo al enemigo y hasta se da el lujo de hacer jugadas por las que mueres para verlas una y otra vez.


En punta, este León cuenta con un goleador que cada vez que anota escribe historia, que así como en ocasiones cae en baches de sequía, también se enfrasca en rachas anotadoras que lo han llevado a un tricampeonato de goleo.


En banca no se tiene mucho, pero ya la suplencia leonesa está engalanada por un internacional que recién debutó y aunque por ahora le faltan piernas, tiempo y distancia, dejó ver que puede aportar con su experiencia.


Con todo esto, esta Fiera puede rugir con un futbol vistoso y efectivo, sin embargo, el domador que tiene como timonel prefiere que la mitad del partido permanezca enjaulada evadiendo latigazos.


No hay necesidad de sufrir tanto, de amarrarse y darle bocanadas de vida al rival cuando este ya se encuentra noqueado. Así pasó contra Puebla y a pesar de que se ganó, puede que en otros partidos no resulte de la misma forma.


León volvió a tener un primer tiempo en el que se adueñó del destino del juego y una segunda parte en la que regaló dicho dominio y por poco el mismo destino le voltea la espalda.


Claro que es bienvenido el triunfo porque revierte esos pasos hacia atrás de las jornadas anteriores y revive el ánimo por pelear en una Liguilla. No obstante, se vuelve a salir de las tribunas del Glorioso con esa maldita sensación de que la soga que jala La Fiera se va a reventar en un momento dado.


Este León no puede ser de un tiempo y nada más, hay que darle más minutos para que desgarre, ruja y clave sus colmillos.


 


 


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Lo importante era ganar y nada más