Periódico am | Precampañas únicas e innecesarias.

Precampañas únicas e innecesarias.

Opinión
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Si yo fuera...

Foto: Periódico AM


Desde el pasado 14 de diciembre hemos sido el blanco de un sin número de bombardeos mediáticos, mítines y acciones proselitistas de parte de los precandidatos de los partidos políticos.  En teoría, mensajes dirigidos únicamente a los miembros de cada uno de ellos.


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Entre muchos otros documentos que regulan la actividad de estas precampañas, el pasado 8 de septiembre del 2017, el Consejo General del INE aprobó un acuerdo por el que se establecieron los periodos de precampañas y diversos criterios y plazos relacionados con estas.


Como no soy abogado, sino un ciudadano de a pie, y como tampoco me interesa desmenuzar los acuerdos, alcances y quebrantos de la normatividad desde un enfoque estrictamente jurídico, me permitiré comentar sobre ellos desde un enfoque muy común y cotidiano, desde ese análisis mundano que cualquiera pudiera hacerse y preguntarse.  Ese punto de vista común y corriente del que, a mi parecer, se han alejado y cada día más, los partidos políticos.


De entrada, el INE habla o define las precampañas (COFIPE Art. 212) como “el conjunto de actos que realizan los partidos políticos, sus militantes y los precandidatos a candidaturas a cargos de elección popular debidamente registrados por cada partido.”    Es decir, las precampañas están destinadas teóricamente solo y exclusivamente a los militantes de los partidos políticos. 


Según datos encontrados, entre todos los partidos políticos registrados ante el INE oficialmente, en nuestro país no existen más de 12 millones de afiliados a partido político alguno, de una población total de 127.5 millones de mexicanos.  ¿Qué alguien nos explique entonces porque 115 millones de mexicanos, es decir el 90% de la población de este país, tendría que escuchar en radio y televisión las promesas, planes y mentiras de los precandidatos, en un proceso que es exclusivo para la elección interna en sus institutos políticos?  Peor aún, ¿Porque tendríamos todos que financiar la difusión de mensajes dirigidos a los torcidos procesos internos de elección y/o designación, dedazo, agandalle, propiedad o creación de sus precandidaturas únicas?    No percibo justificación alguna para que lo que atañe a solo un 10% de la población, tenga que ser soportado por el restante 90 %, ¿no creen?


Por otro lado, en todos los documentos encontrados en las consultas al INE, tanto en el COFIPE, como en los acuerdos del Consejo General, se habla de precandidatos, es decir en plural.  En ningún documento se habla de un solo precandidato.  Esto, por sentido común, haría innecesario cualquier procedimiento de selección.  Es decir, solo queda uno por partido, no habría que seleccionar a nadie de entre nadie.  No habría que hacer precampañas. 


Pudiera complicarse la crítica alejando la discusión y alegando un problema de semántica o interpretación de la ley.  Pero seamos honestos, desde de que éramos unos niños, cuando quedaba uno solo para ir por la leche a la tiendita, o quedaba uno solo en el equipo para sustituir en la cascarita al que se tenía ya que marchar, cuando quedaba uno, no había mucho más que hacer, ese, el que quedaba, es al que le tocaba, ¿cierto?  No hay, en el menos común de los sentidos, el sentido común, la necesidad de seleccionar a uno entre uno. Es irrisorio. 


Pues queridos lectores, desde el 14 de diciembre del 2017 al 11 de febrero del 2018, fuimos todos testigos y financiamos un proceso de selección así de ilógico.   Falta calcular y comparar el gasto de esas precampañas ilógicas con otros gastos inminentes y más que necesarios para nuestro país.  Ese dinero pudo haber ocasionado muchos mayores beneficios, que los otorgados por las ilógicas precampañas, pero eso será tema de otra columna.


Por lo pronto, quiero centrar el tema, insisto, más que en la normatividad o en la permisividad de las leyes y reglamentos para hacerlo o no.  En lo alejado que están los partidos e instituciones electorales actuales de la realidad de los ciudadanos.   ¿Por qué estirar así la ley?  ¿Lo que no está prohibido, entonces esta siempre permitido?; aunque esto se aleje totalmente de las expectativas y cotidianeidades de nuestro México.


Esa doble moral, ese doble discurso.  Esa abismal distancia entre el político y el ciudadano.  Ese cinismo para hacer lo que no está prohibido con descaro.  Eso y algunas otras cosas, es lo que nos mantiene alejados de la participación política activa.  Es imposible esperar una participación electoral elevada con situaciones tan ilógicas como meses y gastos de precampañas de precandidatos únicos.


Si yo fuera el INE o miembro del Consejo General del INE, promovería políticas, reglamentos y acuerdos mucho más lógicos y proclives a acercar la practica electoral al ciudadano común y corriente.  Solo así impulsaremos la construcción de ciudadanos capaces de exigir mejores condiciones de la elección de sus gobernantes.


 


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