Perspectiva

Perspectiva

Opinión
|

Soluciones para un elefante blanco

Diseño: Grupo AM


Se podría escribir una novela sobre la ineptitud con la construcción y destino del “centro cívico” que concibiera el gobierno del Yunque con Juan Manuel Oliva. Más allá de su fanatismo religioso, más allá de la corrupción sobre la que fincó sus cimientos, la Expo Bicentenario es un monumento a la ignorancia y su futilidad.


En 2010 se contabilizaron 2 mil millones de pesos para su construcción ante las protestas de muchos sectores, incluidos los empresarios que formaban en ese tiempo una especie de Consejo de Planeación de puro papel. Las críticas no sirvieron, las advertencias no fueron escuchadas porque el supremo profeta Elías veía la oportunidad de rendir culto a Cristo Rey. Un tema fuera de lugar. Pasaron ya ocho años de eventos insulsos, desde conciertos de Chayane, hasta fiestas privadas de panistas o “tuneadas” de autos. Qué decir del caro engaño de la “Sabana Santa”.


Hoy los mojigatos avientan culpas al organizador de la fiesta del “Tuning” porque incluyeron lindas chicas en bikini. ¿Qué dirán Pedro y toda la santa cofradía del Yunque? Horror, hermosos cuerpos al aire frente a la santurrona Victoria Alada, frente a Cristo Rey.


Pamplinas.


El pecado no está en esos cuerpos, maravilla de la creación, sino en la estupidez continuada de no dar un destino productivo a esa instalación. Y como la inteligencia es lo más escaso entre sus administradores y nuestros gobernantes, podríamos hacer algunas propuestas útiles y futuristas.


La Expo Bicentenario podría curar parte del dispendio si terminara su vocación de creer y no de saber.


La respuesta sería un gran  centro de Investigación y Desarrollo donde se invite a participar a los mejores centros científicos como el de Óptica, el de Matemáticas y el de Física. Una centro comunitario de científicos con proyectos específicos para poner a Guanajuato a la vanguardia del conocimiento.


La ciencia de nuestro tiempo será la Inteligencia Artificial. Alguien la califica o la equipara al descubrimiento del fuego o la electricidad. Será la herramienta de uso cotidiano en autos y aviones, en la educación y la investigación científica.


Otra posibilidad es crear un centro de investigación sobre almacenamiento eléctrico o baterías para el futuro. La industria automotriz asentada en la región pronto cambiará su tecnología a medida que se reduce el precio de las baterías. Ya los motores no son el mayor punto de desarrollo. El secreto de la competencia estará en el alcance  de los vehículos, tanto de transporte de personas como de carga.


Para lograr un centro de Investigación y Desarrollo, pueden confluir universidades de todo el país, las empresas automotrices, los centros de biotecnología y laboratorios para el desarrollo de la educación a distancia. Y, por supuesto, genios programadores conectados a los centros de investigación de Intel, Nvidia, Google, Facebook e IBM.


Estas propuestas son líricas. Si las universidades presentan propuestas, si se contrata talento, podría ser un catalizador para el cambio radical futuro. ¿Costaría mucho? Tal vez. Pero si vemos cómo se tiraron 200 millones de dólares en su construcción, más 500 millones de pesos desde el 2010 en su operación sin ton ni son, veremos que lo más caro es la ignorancia o las creencias religiosas como metodología de gobierno.