Las virtudes de dejar las redes sociales, para informarte sólo en el periódico
Las virtudes de dejar las redes sociales, para informarte sólo en el periódico

Las virtudes de dejar las redes sociales, para informarte sólo en el periódico

Tecnología
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Durante casi dos meses, Farhad Manjoo dejó de informarse en redes sociales para concentrarse sólo en periódicos, y esto fue lo que aprendió.

Por el amor de Dios, deje de obtener sus noticias principalmente de Twitter y Facebook, dice el autor. Foto: David Lozano


Me enteré de la noticia del tiroteo en la escuela de Parkland, Florida, mediante una alerta en mi reloj. Aun cuando había desactivado las notificaciones de noticias hacía meses, de todos modos la noticia más importante de alguna manera encuentra la manera de introducirse.

Sin embargo, durante gran parte de las siguientes 24 horas después de la alerta, casi no escuché sobre el tiroteo.

Hubo muchas cosas de las que me dio gusto no haberme enterado. Por ejemplo, no vi las falsas afirmaciones —posiblemente agrandadas por bots de propaganda— de que el asesino era un izquierdista, un anarquista, un miembro de ISIS y quizá sólo uno de múltiples tiradores. Me perdí del reporte de Fox News que lo ligaba con grupos de resistencia sirios aun antes de que su nombre hubiera sido revelado. Tampoco vi la afirmación circulada por muchos medios noticiosos (incluyendo The New York Times), así como por el Senador Bernie Sanders y otros liberales en Twitter, de que la masacre había sido el décimo octavo tiroteo escolar del año, lo que no era cierto.

En lugar de eso, al día siguiente del tiroteo, una persona amigable que no conocía dejó tres periódicos en la puerta de mi casa. Esa mañana, pasé tal vez 40 minutos leyendo detenidamente el horror del tiroteo y un millón de otras cosas que los periódicos tenían para contarme.

No sólo había pasado menos tiempo en el artículo que si hubiera seguido la noticia al tiempo que se desplegaba en línea, y también estaba mejor informado. Porque había evitado los errores inocentes —y el más malicioso desvío de atención— que habían impregnado a las primeras horas después del tiroteo, mi primera experiencia de la noticia fue un relato preciso de los acontecimientos reales del día.

Ésta ha sido mi vida durante casi dos meses. En enero, después del año con más noticias de última hora que se recuerde, decidí viajar atrás en el tiempo. Desactivé mis notificaciones de noticias digitales, me desconecté de Twitter y de otras redes sociales y me suscribí a la entrega a domicilio de tres periódicos impresos —The Times, The Wall Street Journal y mi periódico local, The San Francisco Chronicle además de una revista semanal de noticias, The Economist.

He pasado la mayoría de los días desde entonces recibiendo noticias principalmente impresas, aunque mi abstinencia autoimpuesta me permitió tener podcasts, boletines por email y material largo de no ficción (libros y artículos de revistas). Básicamente, trataba de atascar lentamente las noticias —aun deseaba estar informado, pero buscaba formatos que valoraran la profundidad y precisión por encima de la velocidad.

Esto ha sido un cambio de vida. Desactivar la máquina de alertas de noticias de última hora que llevo en mi bolsillo fue como liberarme de un monstruo que me tenía en marcación rápida, siempre listo para irrumpir en mi día con boletines a medio cocer.

Ahora estoy no sólo menos ansioso y tengo menos adicción a las noticias, estoy más ampliamente informado (aunque hay algunos puntos ciegos). Y me da vergüenza todo el tiempo libre que tengo —en dos meses, logré leer media docena de libros, empecé a dedicarme a la cerámica y (creo que) me volví un esposo y padre más al pendiente.

Más que todo, me di cuenta de mi papel personal como consumidor de noticias en nuestro fracturado entorno de noticias digitales.

Hemos pasado gran parte de los últimos años descubriendo que la digitalización de noticias está arruinando la manera en que procesamos colectivamente la información. La tecnología nos permite meternos en cajas de resonancia, exacerbando la información errónea y la polarización, y suavizando a la sociedad para propaganda. Con la inteligencia artificial que hace que el audio y video sean tan fáciles de falsificar como el texto, estamos entrando en la distopía de una galería de espejos, lo que algunos están llamando un "apocalipsis de la información". Y todos volteamos a ver al Gobierno y a Facebook en busca de una solución.

¿Pero acaso usted y yo no tenemos también un papel que desempeñar? Recibir noticias sólo de periódicos impresos podría ser extremo y probablemente no para todo mundo. Pero el experimento me enseñó varias lecciones sobre las trampas de las noticias digitales y cómo evitarlas.

Sinteticé esas lecciones en tres breves instrucciones, la manera en que el escritor Michael Pollan alguna vez resumió los consejos de nutrición. Obtenga noticias. No demasiado rápido. Evite lo social.

Ya sé lo que está pensando: escuchar a un redactor del Times elogiar las virtudes de la prensa escrita es como tomar sugerencias del desayuno de (los cereales) Count Chocula. También podrían preguntarse si estoy tratando de convencerlos de algo que ya saben. ¿Acaso todos los que leen este artículo ya aprecian la prensa escrita?

Probablemente no. El Times tiene aproximadamente 3.6 millones de suscriptores pagantes, pero unas tres cuartas partes de ellos pagan por sólo la versión digital. Durante la elección del 2016, menos del 3 por ciento de los estadounidenses citaron a la prensa escrita como su fuente más importante de noticias de la campaña; para personas menores de 30 años, la prensa escrita era su fuente menos importante.

Tengo casi 40 años, pero no soy diferente. Aunque he seguido de cerca las noticias desde que era niño, siempre me gustaron mis noticias en una pantalla, disponibles al tocar un botón. Incluso con este experimento, encontré mucho qué odiar sobre la prensa escrita. Las páginas son demasiado grandes, la tipografía es demasiado pequeña, la tinta es demasiado sucia y, en comparación con un smartphone, es más dificultoso consultar un periódico mientras te trasladas.

El medio impreso también presenta una mezcla más estrecha de ideas que la que uno encuentra en línea. No se puede obtener impreso BuzzFeed ni Complex ni Slate. En California, ni siquiera se puede conseguir The Washington Post impreso. Y el medio impreso es costoso. Fuera de Nueva York, después de los descuentos de introducción, la entrega a domicilio los siete días del Times costará 81 dólares al mes. En un año, ése es casi el precio del mejor iPhone de Apple.

¿Que se obtiene por todo ese dinero? Noticias.

Eso suena obvio hasta que uno lo prueba —y se percata de cuánto de lo que uno obtiene en línea no es exactamente noticias, sino más bien una corriente interminable de comentarios, misma que distorsiona más su compresión del mundo en vez de iluminarlo.

Noté esto primero con el acuerdo al que llegaron los demócratas para poner fin al cierre del Gobierno a finales de enero. En las primeras planas del 23 de enero, el acuerdo fue presentado directamente: "Termina el cierre, poniendo en marcha el enfrentamiento por los 'dreamers'", rezaba el encabezado del Times sobre la noticia, que aparecía junto a un análisis que presentaba los cálculos políticos en torno al convenio.

Muchas de las opiniones en ese análisis podían ser encontradas en Twitter y Facebook. Lo diferente era el énfasis. En línea, los comentarios precedían a los hechos. Si uno estaba siguiendo el cierre en las redes sociales, lo más probable es que hubiera visto a muchos políticos y expertos evaluando el acuerdo antes de ver los detalles de las noticias reales.

Esto es común en línea. En las redes sociales, todas las noticias llegan predigeridas. Las personas no sólo postean artículos noticiosos, postean sus opiniones sobre éstos, con frecuencia citando partes clave de un artículo para enfatizar cómo esto demuestra que están en lo correcto, así que nunca se exige que los lectores ahonden en el artículo para llegar a su propia opinión.

No tiene nada de malo recibir muchas opiniones diversas. Y leer solamente el periódico puede ser una experiencia solitaria; hubo muchas veces en que me sentí ajeno a lo que las hordas en línea pensaban sobre las noticias.

Aun así, la prominencia de los comentarios sobre las noticias en línea y en las noticias del cable se siente retrógrada, y de manera peligrosa. Es exactamente nuestra lealtad a la multitud —a lo que otra gente está diciendo sobre las noticias, más que las noticias en sí— lo que nos vuelve susceptibles a la mala información.

Ha resultado claro que las noticias de última hora han sido "averiadas" al menos desde el 2013, cuando una alocada semana de teorías de conspiración le siguió al bombazo en el Maratón de Boston. Como argumenté entonces, la tecnología ha causado esa "avería".

La vida real es lenta; a los profesionales les toma tiempo averiguar lo que sucedió y cómo encaja en el contexto. La tecnología es rápida. Los smartphones y las redes sociales nos dan hechos sobre las noticias mucho más rápido que como podemos sacar sentido de ellas, lo que permite que la especulación y la información equivocada llenen el vacío.

Esto sólo ha empeorado. A medida que las organizaciones de noticias evolucionaron a un paisaje digital dominado por apps y plataformas sociales, sintieron más presión para sacar noticias más rápido. Ahora, después de que algo surge, todos recibimos la alerta, con frecuencia antes de que llegue la mayoría de los hechos. Así que uno es impulsado a conectarse en línea no sólo para averiguar qué sucedió, sino para realmente descifrarlo.

Ésta fue la bendición sorpresa del periódico. Estaba recibiendo la noticia un día después, pero en el retraso entre el momento en que sucedió la noticia y cuando llegó a mi puerta, cientos de profesionales experimentados habían hecho el trabajo duro por mí.

Ahora me quedaba con la sencilla, desconectada y ritualista experiencia de leer las noticias, principalmente libre de la carga cognitiva de preguntarme si la cosa que estaba leyendo era posiblemente una flagrante mentira.

Otra sorpresa fue una sensación de que el tiempo avanzaba más despacio. Un aspecto raro de los últimos años es cómo un "tornado de la creación de noticias ha perturbado la comprensión del tiempo y la memoria de los estadounidenses", como lo expresó el año pasado mi colega Matt Flegenheimer. Al proporcionar una digestión diaria de las noticias, el periódico alivia esta sensación. Claro, aún hay muchas noticias —pero cuando uno lo lee una vez al día, el mundo se siente retenido y comprensible más que una confusión de encabezados perdidos en la pantalla bloqueada de un teléfono.

No se necesita un periódico impreso para comprender esto: uno puede crear su propio ritual de noticias viendo la app de noticias una vez al día, o leyendo los boletines matutinos, como los de Axios, o escuchando un podcast noticioso diariamente. Lo que es importante es elegir un medio que destaque los artículos profundos sobre las noticias rápidas de última hora.

Y, lo más importante, puede desactivar las notificaciones de noticias. Distraen y alimentan un sentido constante de paranoia fragmentaria sobre el mundo. Además, son innecesarias. Si algo realmente importante sucede, se enterará.

Ésta es la regla más importante de todas. Después de leer periódicos durante varias semanas, empecé a notar que no era que los periódicos fueran grandiosos, sino que las redes sociales eran muy malas.

Casi todos los problemas que enfrentamos al entender las noticias hoy —y todos los que enfrentaremos mañana— se exacerban al conectarnos a la multitud de redes sociales. Los incentivos inherentes de Twitter y Facebook recompensan la velocidad sobre la profundidad, las versiones populares sobre los hechos, y los propagandistas experimentados sobre los analistas de noticias bien intencionados.

Uno no tiene que leer un periódico impreso para tener una mejor relación con las noticias. Pero, por el amor de Dios, deje de obtener sus noticias principalmente de Twitter y Facebook. A la larga, usted y todos los demás saldrán beneficiados.


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