El olvido
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Opinión
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“Librada la batalla de Clontarf, en la que fue humillado el noruego, el Alto Rey habló con el poeta y le dijo:
-Las proezas más claras pierden su lustre si no se las amoneda en palabras. “
Lo anterior es sólo una pequeña parte de una prosa que bajo el título de “El espejo y la máscara” escribió en uno de sus libros Jorge Luis Borges. Y todo lo que sigue, estimado lector, tómelo con la inexactitud que sobre ese texto tiene cualquier leyente.
Después del triunfo el Alto Rey mandó al poeta cantar sobre su victoria. Pasado el tiempo pactado, el poeta presentó al Alto Rey el panegírico largo y memorizado, que el Alto Rey calificó de otra victoria. El Alto Rey regaló al poeta un espejo de plata.  Pero  más tarde observó que nada había cambiado. De modo fue que pidió otra loa al poeta, dando un tiempo perentorio. El poeta retornó con su códice y lo leyó. Lo hizo de manera  más breve y con visible inseguridad.
El Alto Rey acepto el trabajo y entregó al poeta una máscara como premio. Sin embargo,  pidió otra loa y propuso otro determinado tiempo de entrega. El poeta llegó, con mucha más edad,  sin nada escrito y únicamente pudo dejar su pensamiento con un renglón hablado. El Alto Rey gustó de la entrega y regaló una daga al poeta. Con la daga, éste último, puso fin a su existencia a salir del palacio. Pero además se supo que el Alto Rey terminó por mendigar recorriendo los caminos de lo que fue su reino sin repetir más algún poema. ¡Vamos, el olvido de la gran gesta había llegado!
El poeta del Alto Rey parece no haber sido capaz de conservar las imágenes de la guerra heroica de Clontarf y el pueblo sumergido quizás en una atmósfera de aprendizaje interferente, sustituyó un recuerdo no consolidado por la indeseable y nada conveniente práctica del olvido. 
Sin  haber excepciones, el olvido se mueve en el terreno de lo irremediable. Sin embargo, justo es reconocer que la permanencia en el recuerdo de seres animados bien puede llegar a tener características hasta transgeneracionales, dependiendo, claro, de los tiempos de presencia y los niveles de impacto. Si se entiende que tradicionalmente olvidar, es pues, una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar información adquirida, mucho tienen que ver la proximidad o su huella alrededor de nuestros sentidos. No obstante, bueno es mencionar, que ahora, en el cataclismo tecnológico que nos rodea, todo está anunciando un cambio radical entre lo que se absorbe  y lo que se elimina. Prueba muy simple del asunto es, por ejemplo, el preguntarse ¿cuántos números telefónicos han aprendido nuestras mentes desde que usamos el teléfono celular? 
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