Nos amenaza el estatismo de nuevo

Nos amenaza el estatismo de nuevo

Opinión
|

Perspectiva.


En Chile, el Dr. Salvador Allende aseguraba en 1971 que todo lo debía de controlar el Estado. La producción, la educación, los precios y la estrategia de crecimiento. Su modelo fracasó desde el primer día. Chile decreció durante los tres años que duró su gobierno. La inflación llegó al 600 por ciento, la agricultura se desplomó con el reparto de tierras. 
En las escuelas se predicaba el dogma de la lucha de clases y se establecía como modelo único el socialismo. Era una doctrina impuesta. Una visión errónea del mundo y de la vida. El caos producido y el enfrentamiento entre sectores, estuvo a punto de desatar una guerra civil. Allende armaba a grupos ultra bajo las barbas del Ejército y los Carabineros.
El drama fue mayor con el declive en el ingreso de los chilenos. Entre finales de 1970 y el golpe de Estado de Pinochet, los salarios habían caído en un 80 por ciento en términos reales. En muchos países latinoamericanos sufrimos caídas de ingreso durante las crisis que hemos sufrido, pero nadie recuerda que se haya destruido tanta riqueza en tan poco tiempo. 
Los humanos tenemos la habilidad de crear mundos imaginarios. Es una fortaleza de nuestra especie pero también es una debilidad. Cuando esos mundos se alejan de la realidad se colapsa todo. Más cuando son los líderes como Allende quienes crean modelos imposibles. 
La Unión Popular, grupo de partidos que lo llevó al poder, creyó en ese modelo de igualdad, justicia y prosperidad compartida a partir del socialismo estatista. En los setenta, la Unión Soviética apoyaba el modelo de Cuba que también fracasó. Chile trató de imitar el modelo cubano pero sin la bota de la dictadura militar que encabezó Fidel Castro.
La primera resistencia fue la de las mujeres, amas de casa que sacaban sus cacerolas a la calle y hacían ruido con ellas para dar a entender que estaban vacías. Las largas colas para adquirir la canasta básica las desesperaba. La izquierda radical las clasificaba como “caceroleras”. Era la forma despectiva de encajonar a la oposición creciente. Luego vino la rebelión de los camioneros independientes, quienes veían la amenaza de la expropiación de sus unidades de servicio. Un paro nacional puso contra la pared al Gobierno. 
Luego en agosto de 1973, poco antes del golpe militar, el Congreso pedía a Allende que respetara la constitución porque: 
Quería gobernar por decreto, usurpando las labores del Poder Legislativo. Se rehusaba a cumplir con las decisiones judiciales contra sus partidarios. Ignoraba los decretos del Contralor General de Chile. Acallaba a la prensa independiente y controlaba la TV Nacional. 
Pronto Estados Unidos, a través de la trasnacional ITT y de la CIA, comenzó a intervenir antes de que Chile cayera en manos de la esfera soviética. Henry Kissinger, de olfato refinado y colmillo retorcido, ayudó a fortalecer los focos de rebelión y dio garantías al Ejército y los Carabineros del respaldo norteamericano. 
El “pinochetazo” fue un evento anunciado. Los militares pretextaron la salvación de la Patria que estaba a punto de una guerra civil. Después del golpe vino la represión con múltiples crímenes. Los críticos dicen que fueron 22 mil asesinados por la Junta Militar. La historia se reconstruyó con el advenimiento de la democracia, la misma que se logró sin sangre en 1990. ¿Qué viviremos si llega AMLO al poder? Después de Chile y Venezuela, sólo nos queda la esperanza de Brasil.                          (Continuará)