#SoyFeminista

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Opinión
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Acento de Mujer.


Hace poco me comentó una señora que le chocaban las feministas porque criticaban a las amas de casa y su trabajo no era valorado por ellas. Le pregunté si sabía lo que ese término significaba y contestó que creía que sí. Luego le pregunté si había leído algún libro de una feminista y su respuesta fue no. 



El término “feminista” puede ser percibido desde muchos ángulos ya que no es un movimiento uniforme. En ocasiones, el vocablo se ha prestado a burlas y a la denostación al utilizar la peyorativa palabra “feminazi”, lo cual sólo deja ver que existe incapacidad para entender que la desigualdad genera discriminación y violencia.



A veces se critica a las mujeres activistas que salen a las calles y hacen marchas, plantones o montan espectáculos para reclamar y exigir sus derechos. En realidad muchos de los derechos que ahora tenemos las mujeres se deben a las manifestaciones de mujeres que se rebelaron ante la injusticia y trato inequitativo y desigual hacia ellas. No es que las feministas critiquen a las amas de casa o a las mujeres que desempeñan labores domésticas. Simplemente cuando se asignan roles por el hecho de ser hombre o mujer y estos roles se tornan rígidos e inflexibles y unos se valoran más que otros, provocan subordinación, desigualdad y discriminación. Actualmente las mujeres pueden elegir trabajar fuera de casa o quedarse a hacer la labor doméstica. Antes no había elección, la obligación del hogar era sólo de mujeres.



Las mujeres han sido históricamente olvidadas, su trabajo minimizado y su valor humano rebajado. El reconocimiento de un patriarcado histórico es denominador común en los movimientos feministas, y existe unanimidad en cuestionarlo y querer transformar este desequilibrio del poder para lograr una sociedad más igualitaria, justa y democrática. 



El patriarcado es la distribución desigual del poder entre hombres y mujeres en el cual los varones tendrían preeminencia en uno o varios aspectos, tales como la determinación de las líneas de descendencia y portación del apellido paterno, los derechos de primogenitura, la autonomía personal en las relaciones sociales, la participación en el espacio público político o religioso―o la atribución de estatus a las distintas ocupaciones de hombres y mujeres determinadas por la división sexual del trabajo.


“Feminismo no es lo opuesto a machismo. El feminismo es una teoría de la igualdad y el machismo una teoría de la inferioridad. Propugna que mujeres y hombres somos iguales en derechos y libertades, es una teoría y práctica política articulada por mujeres que tras analizar la realidad en la que viven, toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad. El machismo consiste en la discriminación basada en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres. Equiparar ambos es como decir que racismo y lucha contra el racismo son lo mismo”, nos dice Nuria Varela en su libro ‘Feminismo para principiantes’.



Cuando hablamos de feminismo nos referimos a un movimiento social, cultural, político, educativo y reeducativo que revindica no sólo el rol o papel de las mujeres en diferentes ámbitos, sino que reconoce la diversidad y dinamismo de estos roles en la vida de cada mujer, el valor que este movimiento ha tenido en la sociedad, y que es sumamente significativo.



Este movimiento lucha para que se igualen los derechos de las mujeres a los de los hombres, y al mismo tiempo, por el reconocimiento y cumplimiento de sus derechos propios.